Libertados, liberados
Dios da gratuitamente la libertad a todos los que confían en Jesucristo. Esto es el Evangelio. Ser salvos por Jesús es ser liberados, liberados de todo cuanto nos esclaviza. Rom 6, 14 afirma: “El pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia”.
Eso no quiere decir que el creyente no volverá a pecar, sino que está libre del poder del pecado. “Erais esclavos del pecado… y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia” (v. 17-18). ¿Cómo es posible? Rom 8, 2 nos da la respuesta: “La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte” (aquí la ley se refiere —como en el capítulo 7, 21 —no a la ley de Moisés, sino a un principio que obra siempre en el mismo sentido, como la ley de la gravedad).
Esta liberación nos es dada por pura gracia y debemos apropiárnosla por la fe. Entonces, ¿cuáles son mis recursos?
- No tratar de mejorarme a mí mismo sino aceptar de una vez para siempre lo que la Biblia explica y que confirma mi experiencia, a saber, que mi naturaleza es intrínsecamente mala. Un fruto malo es suficiente para comprobar que el árbol es malo (Rom 7, 18).
- Entender que no puedo, por mis propias fuerzas, dominar todos mis impulsos tendientes al mal (Rom 7, 19).
- Aceptar por la fe que únicamente la muerte de Cristo me ha liberado del “pecado que mora en mí” (Rom 7, 20).
- Vivir con la ayuda del Espíritu Santo para hacer lo que agrada a Dios.