La LIBERTAD DE EXPRESIÓN termina donde empieza el DERECHO AL HONOR

Existen dos derechos fundamentales que frecuentemente entran en colisión: el derecho al honor (es decir, a ser respetado, a que no se lesione nuestra autoestima) y el derecho a la libertad de expresión.

El imparable ascenso de las redes sociales nos une a todos para bién y para mal, de modo que, fruto de esta (sobre)exposición nuestro derecho al honor puede verse lesionado muy fácilmente... Y es que, del mismo modo que sucede con la piratería informática, en toda la red flota una infundada sensación de impunidad que resulta más que suficiente para embriagar a muchos de sus usuarios convirtiéndolos en activos acosadores que descargan su cruel retórica contra todo infeliz que se les ponga a tiro.

En nuestra democracia, quizás por ser aún demasiado joven, tendemos a creer que nuestros derechos son ilimitados. Pensemos que, de ser así, su ejercicio efectivo sería impracticable. El ejercicio de mis derechos tiene límites, y son precisamente éstos los que los hacen posibles, de modo que mis derechos terminan donde empiezan los del otro, como si de los lindes de fincas se tratase. De este modo, la libertad de expresión encuentra precisamente su límite en el derecho al honor.

no existe derecho al insulto

Libertad de expresión: revisión legal

De mandera recurrente encontramos en los medios de comunicación la noticia de que un usuario de RRSS se ha pasado de la raya y ha hecho un uso lesivo de su libertad de expresión, aprovechando el altavoz que para la difusión de opiniones suponen las redes sociales. Dichos abusos casi siempre se producen en plataformas particularmente masificadas (Facebook y Twitter), con lo que el daño causado al honor de la víctima aumenta exponencialmente, al verterse sobre una audiencia mucho mayor.

 

Protección penal del derecho al honor: los delitos de INJURIA y CALUMNIA.

El honor de las personas goza de total protección en nuestro Ordenamiento jurídico, no solo civil – que le otorga la LO 1/1982, de 5 de mayo - sino también penal, mediante los delitos de injuria y calumnia (arts 205 a 216 del Código Penal).

Se trata de dos delitos diferentes a los que une el ataque al honor y diferencia la imputación de un delito:

  • La calumnia consiste en atribuir a alguien la comisión de un delito (por ejemplo un asesinato o una violación), cuando el autor de tal afirmación sabe que ello es falso o no se ha molestado mínimamente en comprobar que es cierto.
  • La injuria viene a ser el insulto expresado por cualquier medio (escrito, verbal, o, incluso, conductas no verbales). Tengamos en cuenta que solo constituye delito el insulto que sea tenido en el concepto público por grave, lo que vendrá determinado por la ponderación de los Tribunales, que, desde luego, niegan que exista un derecho al insulto (entendiendo por tal todo aquello que resulte innecesario para la emisión del mensaje). La mera expresión que atribuye la realización de un hecho a una persona solo supone delito si se hace a sabiendas de que ello es falso o no se ha verificado mínimamente su certeza. Para protegerse de las injurias leves hay que recurrir a la vía civil.

lesión del derecho al honor

¿Qué hacer si eres la VÍCTIMA de estos delitos?

Antes de nada, y para prevenir el borrado posterior por parte del autor del comentario delictivo, debes dejar constancia de su existencia (por ejemplo mediante acta notarial), pues la prueba te corresponde a tí.

El siguiente paso es presentar una querella penal ante los Tribunales, no basta la mera denuncia ante la policía. En este tipo de delitos es imprescindible que la víctima lleve la iniciativa, pues no se procede de oficio (salvo que el afectado sea funcionario público).

El Tribunal procederá entonces a emitir una demanda de conciliación contra el autor del mensaje. Ello puede resultar complicado ya que, generalmente, éste se ocultará bajo un nick, de modo que su identidad y domicilio serán desconocidas en un primer momento. No hemos de confundir la dificultad con la imposibilidad de identificar al autor: existen medios para sacarlo del anonimato (lo estamos viendo todos los días).

Tengamos presente que, lejos de la creencia popular, el hecho de utilizar internet para verter injurias y calumnias además de ser penalmente punible (con penas de prisión o multa), supone una agravación de la pena, porque se considera que ha habido publicidad en su comisión.

Así pues, la víctima de los delitos de injuria y calumnia, lejos de sentirse impotente por la lesión de su honor debe saber que goza de la protección penal.

Redes sociales

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