Leyenda quiteña

Una de las  leyendas quiteñas más contada es la de LA CRUZ DE SAN AGUSTIN,  la misma que está ubicada en la esquina de la entrada principal a la iglesia. Les contare la razón porque fue edificada y hasta el día de hoy recordada por nosotros los quiteños.

El convento de los padres agustinos casi recién construido (siglo XVII) tiene una gran torre desde donde se puede mirar ampliamente la pequeña plazuela formada por las calles mitad tierra y mitad hierba. Fray Ezequiel conocido por sus habilidades en repostería, también era el campanero y para tocar las campanas debía subir al primer cuerpo de la torre donde se dominaba todo el contorno.

Una tarde después del toque del Ángelus y al estar muy cansado de sus labores culinarias, se acostó en el descanso del campanario y se quedó dormido por horas. De pronto…… se despierta sobresaltado por el ruido de chocar de espadas y los insultos de dos mozuelos batiéndose a duelo. No parecía un simple juego sino una cuestión de vida o muerte. De seguir de expectador eso terminaría mal, así que en una una sola carrera, el fray va en busca del superior del convento el Padre Diego; quien era reconocido por su santidad. Solo él podía detener a los duelistas, ambos religiosos cruzaron presurosos el claustro, llegaron a la gran puerta y salieron a la calle.

A juzgar por sus trajes desgarrados y la sangre que recorría por piernas y brazos, los dos contrincantes estaban bastante maltrechos.  El Padre Diego se acercó muy lentamente y con voz suave les pidió deponer las armas, les hablo del amor de Dios, del amor humano y como la vida es un regalo de Dios, y que no debemos atentar contra la vida de un semejante. Sus palabras eran bálsamo en los corazones ardientes de los jóvenes que aprovecharon para tomar aliento; y entre respiraciones entrecortadas contaron al padre la razón de su enfrentamiento.

Eran primos casi de la misma edad, siempre se llevaron como hermanos hasta que ambos comenzaron a pretender a una linda quiteña, y ella a ambos correspondía. Llegó a tanto su competencia por conquistarla y siendo que ninguno se daba por vencido, decidieron que solo un duelo a muerte definiría al ganador.

El Padre Diego calmadamente se fue ubicando entre los dos jovencitos como formando una cruz de pacífica alianza, y, aunque sus sabias palabras habían conseguido una tregua, aún se podía sentir el ambiente agitado.  Basto un ligero movimiento de uno de los duelistas, que no fue precisamente de agresión sino más bien como liberando la tensión de su brazo al empuñar la espada; él que provocó nuevamente el ataque de su contendor, quien con un rápido y certero avance enterró su espada en el corazón no del enamorado precisamente, sino del mediador …… el padre superior…. Padre Diego se desplomo en medio de los dos, y la conmoción se apodero de todos, uno de los jóvenes corrió despavorido del lugar y nadie supo donde hallarlo.

Transcurrido un tiempo, una figura toda cubierta  y encapuchada golpea la puerta del convento,  se trata de un penitente pidiendo ser admitido como novicio en la comunidad y realizar las más duras tareas. Incluso pide construir a sus expensas una CRUZ labrada en piedra, con la figura del Señor tallada en el cruce, mostrando su corazón traspasado con una espada, justo en el lugar donde muriera el padre mediador el padre superior.

Cruz y atrio se hicieron y siguen allí a pesar de los siglos. 

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