La muralla de Ávila

La muralla de Ávila, puede provocar numerosas reacciones ante su sola visión, puede asustar, puede provocar admiración o puede disuadir a aquél que decida atacar la ciudad. 

La muralla de Ávila es el marco ideal para que en ella se desarrollen todo tipo de acontecimientos. Del mismo modo, en ella pueden mezclarse la realidad con la imaginación, sobre ella hay todo tipo de leyendas y en ella se treatralizan algunas de las más conocidas en la ciudad. 

La leyenda del rey niño

El año 1190 el rey Alfonso I, por aquél entonces rey de Aragón, se casó con Doña Urraca, reina de Castilla. Fue un  matrimonio de conveniencia y nunca se llevaron bien. 

Ella era conocida por tener un fuerte carácter, antes de casarse tuvo un hijo con Raimundo de Borgoña, al que llamó Alfonso, sería quien heredaría el reino de su madre. Evidentemente para su marido el niño suponía un obstaculo para conseguir el reino de Castilla, por lo que le hizo la vida imposible hasta que consiguió que la reina huyera con el niño. 

Pero el niño terminó regresando a la ciudad ya que así lo querían los partidarios de que Castilla no se uniera a Aragón. 

Su regreso desencadenó un intento de toma de Ávila por parte de su padre, quien al no conseguir entrar en la ciudad, tomó unos rehenes a los que metió en grandes ollas de aceite hirviendo. 

Después de numerosas batallas el hijo de Doña Urraca, fue nombrado rey de Castilla con el nombre de Alfonso VII. 

La leyenda del monje por desamor

La bella Lucinda, hija de un noble de Ávila vivía en el palacio de Núñez de Vela.

Durante uno de sus paseos por Ávila notó como un joven apuesto la seguía y al asomarse al balcón de su alcoba, que sobresale por encima de la muralla vió como el joven estaba apoyado en ella. Poco a poco fueron entablando conversación hasta que pasó lo inevitable se enamoraron perdidamente el uno del otro. 

Poco después de conocerse el joven fue obligado a abandonar la ciudad, ya que no pertenecía a ninguna familia de nobles. Lucinda no pudo superar su ausencia y terminó muriendo. Cuando el joven conoció la noticia, fue al convento en el que estaba enterrada para poder despedirse de ella. No consiguió su objetivo ya que pretendía abrir la lápida de la tumba y por miedo a ser descubierto terminó huyendo. Al día siguiente regreso al convento para ingresar en él como monje y así poder pasar toda su vida junto a su amada. 

 

 

 

La muralla de Ávila

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