Granada

Granada esconde en sus calles numerosas leyendas que son desconocidas para la mayoría de personas. 

La ciudad de Granada es rica en tradiciones, leyendas y misterios. En sus calles todavía permanecen muchos restos de la historia de la ciudad. 

Leyenda de la Casa de la Columna

Quien visita Granada, puede encontrar numerosos rincones en los que imaginar las más bonitas historias de amor. Uno de estos rincones es la Casa de la Columna, situada en el barrio del Albayzín. 

La leyenda cuenta que cuando el rey Boabdil abondonó Granada, se la dejó a la reina Isabel I. Con él se fueron un puñado de hombres y doncellas. Entre los hombres se encontraba uno llamado Audallah, quien dejó en aquella casa a su amada Leila, a quien prometió regresar para vivir juntos y felices. 

Después de dos años, al llegar la primavera Leila encontró en un nido de golondrinas a una que llevaba un mensaje atado a una pata. En él se podía leer:"La ausencia mata, pero yo aguardo". 

Ella estaba feliz pensando que era un mensaje de su amado por lo que decidió responderle con otro en el que decía:"Esperar es vivir". Ella siguió esperando durante muchos años pero nunca más volvió a saber de él.

Leyenda de la escoba del diablo

Se trata de otra historia de amor que tampoco tiene un final feliz. Esta historia acontece en las cumbres de Sierra Nevada. 

Un hombre rico de Granada, quería que su hija se casara con otro hombre que también tenía mucho poder, pero ella estaba enamorada de un "simple" mozo de cuadras. Ella quería escaparse con él e irse muy lejo de allí. 

Una noche los dos jóvenes recibieron un raro regalo, se trataba de una escoba mágica. Esa misma noche decidieron abandonar Granada y se dirigieron a la sierra ayudados por la escoba que iba barriendo la nieve del camino. Pero cuando llegaron a la blanca cumbre la escoba se volvió loca y los dos quedaron sepultados por la nieve. La leyenda dice que la escoba sigue allí. 

La leyenda del suspiro del moro

Esta leyenda está reconociida como una verdad de carácter histórico. Boabdil al abandonar Granada, una vez que la ciudad había sido reconquistada por los cristianos, y cuando estuvo fuera de la ciudad, se apoyó sobre un mirador que todavía existe actualmente y dirigió su mirada a la ciudad. 

Por su boca salió un profundo y amargo suspiro, lloró desconsoladamente por lo que había perdido. Fue entonces cuando su madre le recriminó diciéndole: "Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre". 

 

 

 

Granada

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