Según cuentan, la localidad catalana de Montblac se encontraba aterrada por la presencia de un dragón que se había situado fuera de las murallas de la ciudad y se había comido los animales que pastaba y siempre pedía más asomándose por las murallas. Las buenas gentes del pueblo le tiraron ovejas cuando se terminaron le tiraron bueyes y todos los animales que les quedaban pero el dragón nunca se saciaba.  

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Cuando ya no tuvieron nada que darle hicieron un sorteo y al que le tocaba lo echaban al dragón y en uno de los sorteos ocurrió que le tocó a la hija del Rey que desesperado lloró y lloró pues era la única hija y su heredera pero no podía traicionar al pueblo y abriendo la puerta de la muralla dejó salir a la princesa para que el dragón diera cuenta de ella. 

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Pero ocurrió que cuando el dragón se encontraba avanzando muy cerca de la princesa, surgió de entre las brumas un caballero de brillante armadura que con un certero golpe de lanza mató al dragón que derramo un gran charco de sangre donde floreció un hermoso rosal de rosas rojas como su sangre. El caballero se llamaba Jordi (Jorge) corto una de las rosas y se la entrego a la princesa que corrió a los brazos de su padre. Fue tan grande la fama que tomo el caballero que con el tiempo lo hicieron patrón de Cataluña, es lo que cuenta esta antigua leyenda.  

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