La leyenda del ratón Pérez

La fantasía infantil es uno de los más preciados tesoros que deben conservar los adultos en los pequeños, los ayuda a ser niños felices, a enfrentar la vida con optimismo y a formarse como personas de bien, llenos de alegría e ilusiones. Perder un DIENTE es un evento traumático, digan lo que digan. Es doloroso, asusta y molesta al hablar o comer y no porque de grandes ya ni lo recordemos deja de ser muy significativo en la vida de un niño. Gracias al ratón Pérez el perder un diente deja de ser algo malo y desagradable para convertirse en un momento ansiado por muchos pequeños.

La historia del ratón Pérez es atribuida al jesuita español Luis Coloma Roldan, escritor de literatura infantil, cuando en 1894 le pidieron que le escribiera un cuento al futuro rey Alfonso XIII que tenía 8 años y a quien se le había caído un diente. Este personaje vive en una caja de galletas y le cambia los dientes que se le caen a los niños por monedas, dulces o un pequeño regalo. Es cierto que existen personajes similares fuera de la cultura hispana, como el hada de los dientes de los países germanos, pero nuestro ratoncito Pérez tiene la primacía, tanto que su historia fue llevada al cine por Disney en el 2009.

Este ratón de leyenda aparece por las noches recogiendo el diente de debajo de la almohada y dejando el preciado regalo en su lugar. En Cuba, en mi niñez, los dientes se lanzaban al techo y se pedía un deseo, acompañado de una cancioncilla que decía así “ Ratoncito, ratoncito llévate este dientecito y tráeme otro más bonito”. No sé realmente si era la tradición o fue la variante que establecieron los padres para mantener la fantasía y lidiar con la difícil situación económica que no le permitía a todos dar monedas o regalos a sus hijos por cada diente que perdieran.

Sea cuál sea el origen de la leyenda o la variante que utilicen en cada país, lo cierto es que el ratón Pérez llegó para quedarse en las tradiciones infantiles junto a Santa Claus, papá Noel o el conejo de Pascua. Quizás para usted no lo sea, pero al menos yo lo considero muy beneficioso, pues no solo acompaña a los niños en ese momento importante de su vida sino que nos ayuda a los padres a lidiar con un fenómeno muy normal a esa edad, pero doloroso y traumático.

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