La leyenda del enano adivino

La leyenda del enano adivino

La leyenda del enano adivino

La leyenda del enano adivino

La leyenda del enano adivino.

 La leyenda del enano adivino, narra que vivía en la ciudad maya de Kabah, una hechicera de avanzada edad, que no tuvo hijos; pero oraba incansablemente al dios Chic Chan para que le concediera ese privilegio, hasta que un día este dios se le apareció para indicarle que fuera a un cenote, donde encontraría un huevo de tortuga -- verde y grande--, que la mujer debía cuidar con esmero. Ella obedeció a Chic Chan y protegió el regalo del dios, con profundo amor.

Pasado un tiempo, el huevo se rompió y del interior brotó un niño que tenía la piel verde y el cabello rojo, en quien la misteriosa mujer depositó su amor maternal; pero los años transcurrían y su hijo no crecía. La hechicera se percató de que se trataba de un enano, pues le había salido barba y la voz adquirió un tono más grave, sin que su estatura aumentara. Su nombre era Saiyawincoob.

El hijo de la hechicera poseía un espíritu inquieto y de pronto –guiado por la curiosidad--, burló la vigilancia de la anciana, quien lo protegía en extremo y se acercó a un caldero que ella cuidaba con celo. Dentro del recipiente había un tunkul (instrumento elaborado con un palo hueco, semejante a una sonaja y un tambor). La nota emitida por este objeto fue escuchada en la ciudad de Uxmal, a cuyo mandatario le habían vaticinado la caída de su imperio cuando esto ocurriese.

El Halach Uinic (rey), mandó hallar al culpable y en cuanto lo tuvo frente a él, le propuso una serie de pruebas que Saiyawincoob debía pasar para salvar su vida y ser gobernante de Uxmal.

El enano aceptó; pero con la condición de que mandaran labrar un camino que uniera Kabah con Uxmal y cuando estuviera terminado, cumpliría con la primera prueba, que consistía en llevarle al rey un guajolote macho que pusiera huevos.

Terminado el camino, el Enano se presentó ante el rey con un hombre que parecía embarazado, lo cual causó gracia al Halach Uinic. Entonces el enano le hizo notar que igual de ilógico era encontrar un guajolote macho que pusiera huevos. Los jueces aprobaron la respuesta de Saiya.

La segunda prueba fue una carrera en la que el monarca intentó vencer al enano, transformándose en venado; pero Saiya le pidió a su amiga --la rana Uo--, que corriera por él y con un hechizo de su madre, la rana llegó de un salto a la meta.

Muchas pruebas puso el rey al enano, hasta que los jueces determinaron cuál sería la última. Saiya debía soportar que le rompieran en la cabeza un fruto muy duro, conocido en el mayab como cocoyol.

El Enano accedió confiado, pues la hechicera había colocado previamente –bajo su cuero cabelludo--, una placa de metal. Huelga mencionar que Saiyawincoob venció al gobernante, que sucumbió al romperse el primer cocoyol.

Posteriormente, el enano fue coronado rey de Uxmal, no sin antes recibir consejo de su protectora, quien le habló de la sabiduría y la sensatez con que debía gobernar.

La madre del enano se retiró tranquila, resignada a morir después de considerar su misión, cumplida; pero con los años, su hijo olvidó los consejos recibidos y se dejó llevar por la soberbia, declarando el surgimiento de un nuevo dios que suplantaría a los existentes; por lo que mandó construir una escultura de barro que debían secar al sol para que se endureciera; pero al retirarla vibró de tal modo, que los habitantes de Uxmal creyeron que se trataba de un dios y comenzaron a venerarla. Este acto enfureció a los dioses del mayab, al grado de condenar a la destrucción a la ciudad de Uxmal, que perdió todo el esplendor logrado y cuyas muestras distintivas eran “La casa del gobernador” (hecha en una sola noche), “La casa de la anciana madre” (en recuerdo de la hechicera) y un edificio en honor del enano, llamado “El templo del adivino”; sin embargo, del imperio de Uxmal no quedó rastro, excepto sus recintos.

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