Lenguaje inclusivo es un término que tomó mucha fuerza en los últimos años. Refiere a un modo de utilización de la lengua que tiene como fin terminar con la masculinización de la misma para que sea más inclusiva y sin distinción de género. Así como hay quienes lo apoyan y aplican, hay otros que cuentan con motivos para repudiarlo como ocurre con la navidad (artigoo.com/navidad-hay-gente-odia-festejarla).

La importancia del lenguaje inclusivo y sus criterios 

En el marco de una lengua considerada desigual por referirse a un conjunto de personas a través del género masculino (los alumnos, los políticos, etc) el LENGUAJE INCLUSIVO propone desmasculinizar.

El genérico masculino es visto como una demostración de la histórica rivalidad de género que siempre existió y la lengua que se viene utilizando desde hace siglos es, de algún modo, el legajo que dicho conflicto dejó.

Como si fuese poco, la masculinización de la lengua les brinda a los hombres mayor poder, lo que implica el rechazo por parte de muchos sectores. El lenguaje inclusivo permite colocar a la mujer a la altura del hombre.

Otro gran repudio referido a la lengua actual es que el término masculino (por ejemplo, los médicos) se utiliza también para mencionar a un grupo compuesto por hombres y mujeres, incluso cuando estas últimas son mayoría. En consecuencia, el conflicto de GÉNERO se evidencia aún más ya que la lengua resulta discriminativa.

Además, el lenguaje inclusivo abarca a todas por igual, sin importar que sean hombres, mujeres u otros como, por ejemplo, trans.

 

Incorporar la X y el @ en la lengua, una solución que no dio resultado

Lengua o lenguaje inclusivo debe ser sinónimo de inclusión y mostrarse como una práctica efectiva. Por ello las letras y términos neutros desempeñan un papel fundamental en la lucha contra la igualdad de género. Ante esto, es esencial que exista un lenguaje inclusivo tanto para hablar como para escribir.

 

La X y el @, una solución no definitiva

Hace algunos años una solución para lograr un lenguaje inclusivo sin distinción de género era reemplazar la O y la A por una X o un @. De esta manera, chicos/as se modificaba a chicxs o chic@s, todos/as a todxs o tod@s y amigos/as a amigxs o amig@s, entre tantos otros.

Sin embargo, el inconveniente de la lengua discriminatoria nunca podría ser solucionado porque tanto la X como el @ se pueden leer e interpretar, pero nunca pronunciarse.

 

Lenguaje inclusivo con la E presente

Más adelante surgió la tan polémica (y universal) E que cumple el objetivo de un verdadero lenguaje inclusivo. Chiques, todes, tuyes, amigue y un montón de ejemplos más. Muchos decidieron incorporarla y aplicarla a diario, pero otros no.

Concretamente el funcionamiento de esa E en la LENGUA consta de reemplazar a la O o la A que le dan el género a la palabra. Una de las pocas excepciones es la de nenes y nenas. La primera queda como está y, la segunda, puede modificarse por una X.

Por su parte, la adopción del lenguaje inclusivo afecta también a los pronombres. Así, ellos se convierte en elles y tuyos, en tuyes. Las que sí se conservan son las indefinidas como valiente, visitante, inmigrante y cantante, entre otras.

La regla oficial establece que debe haber mutua coincidencia entre el género y el número. Esto es por los sustantivos que, pese a terminar con A u O, su artículo queda igual; por ejemplo, les chiques y las mesas.

 

El lenguaje inclusivo y sus motivos de rechazo

Claro está que la utilización del lenguaje inclusivo para combatir la desigualdad de género genera una gran grieta entre los individuos. El problema es que hay dos opciones posibles: utilizar una u otra porque, en caso contrario, queda muy mal que algunos hablen con la E y otros continúen con la O y la A.

Cabe destacar que países como España y Francia apoyan el lenguaje inclusivo principalmente para grandes instituciones y universidades. Con ello dan el visto bueno para la enseñanza sobre la inclusión, una lengua justa y la lucha por acabar con la rivalidad entre hombres y mujeres.

Sin embargo, la Real Academia Española desalienta por completo este uso de la E ya que sostiene que no forma parte del sistema morfológico de la LENGUA española.

También hay quienes aseguran que, para lograr un verdadero lenguaje inclusivo, se debe cambiar por completo el idioma, aludiendo el claro ejemplo de que inclusivo no puede ser inclusive porque esta última palabra significa otra cosa.

Se trata de, justamente, el argumento de muchos sujetos que se oponen al lenguaje inclusivo tan promovido en el último tiempo, incluso en colegios donde los alumnos sustituyen en sus buzos o camperas de egresados esta última palabra por egresades.

 

El español, uno de los idiomas que más discrimina

El español es prácticamente la única lengua que contiene tanta distinción de género. Tal es así que, para un extranjero, resulta muy dificultoso de poder aprenderse y aplicarse.

Más allá de tiempos verbales y reglas únicas de cada lengua que sí o sí se deben incorporar, es muy complejo explicarle a una persona cuya lengua nativa es otra cuándo y por qué se pronuncia una O o una A. También es prácticamente imposible que conozca de qué se trata el lenguaje inclusivo.

La cuestión es: "La lengua es discriminativa, pero nosotros, ¿Discriminamos?". Según Karen de Franceso, lingüista y profesora de la Universidad de Buenos Aires, entre otras, asegura: "Siempre debemos hablar de discurso, que es cuando ponemos en práctica la lengua. Cuando emeitimos mensajes, hacemos circular representaciones sociales y, con ello, tenemos desigualdades que perduran con el tiempo pese a que la lengua va mutando".

Esto significa que, si bien la lengua es discriminativa y, por ende, produce claras distinciones de género, no necesariamente los individuos discriminan dado que aceptan cada palabra y término como tal.  

Con una gran grieta respecto al lenguaje inclusivo que divide a la población tanto joven como adulta, todo evoluciona; incluso la sociedad y la propia lengua con nuevos términos y expresiones para referirse a cosas o momentos cotidianos.

El lenguaje inclusivo como una solución a la distinción de género

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