la lectura de una gramaticca permitiría unificar el creciente imperio español en un sólo idioma.

Edwar Said, en “el retorno a la filología” trata a la no muy amada Filología como una herramienta humanista vital no sólo para el estudioso y letrado, para el catedrático o el universitario sino que también para el humano en general que pretenda concebir una visión más amplia de su realidad al analizarla en cada una de sus partes. Él empieza haciendo una reflexión sobre el acto mismo de la lectura que después lleva a otros ámbitos, sin dejar de ser lectura de algún modo, cómo el discurso político; sin embargo en todo momento me parece ver una constante que es “la comprensión”, ésta durante la lectura de todos los momentos analizados, y este análisis casi como un deber humanista que le otorga al mismo la obligación de compartir el conocimiento adquirido.

      Lectura y comprensión, dice Said, no son los mismo, pues de la lectura puede nacer un ejercicio vago y torpe que empieza y termina con letras sin más ni más, es por eso que la comprensión se hace necesaria para entender los matices que hay en la misma lectura, lectura tanto de obras literarias como del discurso cotidiano, he aquí la complejidad del asunto que se ramifica en otros sectores de particular dificultad extra cada uno. El autor menciona, por ejemplo, a la cultura judía, lo cual me parece interesante pues para empezar ellos tienen un concepto muy especial de la palabras ya que para ellos la palabra es una invocación para el objeto mismo, no se puede decir una cosa sin provocar esa misma cosa a diferencia de nosotros que vemos el decir algo como hacer referencia a algo, esto aplicado a la lectura del libro sagrado (escrito con fuego negro sobre fuego blanco) nos obliga a estudiarlos y “comprenderlos” más a fondo, simplemente no se puede hacer una lectura corriente como se le haría a un periódico o aun instructivo. Aunque, aún a estos textos o discursos simples se les tiene que hacer una lectura más profunda de lo que habitual mente pensamos, el filólogo ejemplifica esto con el discurso del Atentado del once de septiembre, donde cuestiona y analiza, o más bien comprende, más allá de las palabras que el discurso le permite ver al igual que los Kabbalistas quienes al leer los textos sagrados no buscan un sentido literal sino aquel que quiso dar la divinidad para que ese libro fuera la conexión entre el hombre y Dios

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