El otro día, sentada en un banco con mi perra a la cual saco a pasear por los jardines de mi barrio, se cayó un gorrión chiquitito del nido. Me estaba dando mucha lástima pero yo ya tengo en la casa de mis padres a mi perra, un gato que recogí de la calle y un colorín que heredé cuando murió mi suegro, así que no pensaba cogerlo. Tenía la esperanza de que la madre bajase a recogerlo.

A pesar de que el pobre no sabía volar, si sabía pegar saltitos con sus patitas, y cuando ví que se dirigía (saltito a saltito) a la carretera, no pude evitarlo y  lo recogí.

Lo he tenido en mi casa no demasiado tiempo. Primero comencé dandole de comer, el pobre no comía solo. Le tenía que dar de comer con unas pinzas, pues así creía que era la mami la que le daba de comer. Aún no comía alpiste, así que le daba mollitas de pan mojado en agua, para evitar que se desidratara.

Hace tres días empezó a comer y a beber agua él solo. Y como entiendo que los gorriones no son pájaros de estar siempre encerrados, decidí abrirle la jaula, y al poco se fué volando. La jaula aún la tengo puesta en el mismo sitio con la puerta abierta por si quisiera volver.

Me da mucha lástima porque le he dedicado muchas horas al día a estar pendiente de él y en muy poco tiempo le he pillado muchísimo cariño, pero entiendo que su vida debe de ser esa. Y me queda la felicidad de haber podido ayudar a vivir a ese pequeñito animal que de no haberlo cogido yo, habría terminado arrollado por algún coche.

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: