En Perú la situación de cesantes y jubilados no es muy agradable, día a día , semana a semana , mes a mes, año a año sufren peripecias mil. Una de ellas se grafica en el episodio de uno de los miles que viven en condiciones precarias, el que se detalla a continuación: El jubilado empieza la mañana de un año reciente, buscando centavos y medio centavos de Nuevo Sol, que sumados al único Sol que posee en ese momento le servirá para atender las compras en una panadería cercana a su hogar. Reúne 8 monedas de cinco céntimos y diez de un céntimo, que en teoría le servirá para adquirir un sobre de café de cincuenta céntimos, además del sol de panes. Panes que sea dicho de paso, son bien chiquitos y que con el transcurso de las horas se desinflan y se vuelven más chiquitos. Adquirir el sol de panes no le resulta en problemas, pero los centavos y cinco céntimos no pasan por la censura del cajero del negocio, que los rechaza cn la frase: Estas monedas no valen. Con el sol de panes chiquitos en la mano, el jubilado le reclama que dichas monedas valen , tienen curso legal, pero el dueño de la panadería las rechaza tajantemente. El jubilado reacciona con voz clara y fuerte, reclama por los panes chiquitos y mal elaborados que venden y por el cual lucran a costa de la vecindad, reclama mejores panes, y no le devuelven las monedas que según los negociantes no valen para nada. El café será para otra oportunidad, en otro local. EL jubilado no volvió más a esa panadería, pasa de largo en la oportunidad que sigue la ruta de ese negocio. En algún rincón cualquiera sabe alguien, descansan las monedas de centavos y las de cinco céntimos, o de repente las aprovecharon porque el negociante no pierde nunca o de repente las botaron a la basura para hacer honor a que no sirven para nada.

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