Cuando Pandora abrió la caja de los olores y los secretos de los vientos. Solo ella sabía lo que hacia.

Al abrir el cobre solo encontró rosas y claveles, pero los vientos inundaron el valle de extraños olores. La gente al olfatear le daba por desnudarse, dándose a los placeres más ocultos.

Cuando la niña llegó a casa encontró a sus padres en fogosos placeres carnales, donde la lujuria y el desenfreno daban caso al Marqués de Sade.

Por lo que, a Pandora la dio por ser alquimista, produciendo sus aromas reacciones lujuriosas al comprador.

Cuenta la leyenda que todavía algunos frascos de sus almacén estás ocultos en sótanos de casas de Londres o las alcantarillas de París, siendo un objeto muy buscado por los perfumistas.

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