Todos evitaban perder la oportunidad para ver el espectáculo del extraordinario gran PAGANINI, quien sacaba notas mágicas de su violín. Cierta noche, el palco de un auditorio repleto de admiradores estaba preparado para recibirlo. La orquestra entró y fue aplaudida. El maestro fue ovacionado. Cuando la figura de Paganini cruzó el escenario triunfante, el público deliró.

Paganini coloca su violín en el hombro y lo que se escucha es indescriptible. Breves y semibreves, fusas y semifusas, corcheas y semicorcheas parecen tener alas y volar con el toque de sus dedos encantados. De repente, un sonido extraño interrumpe el solaz de la platea. Una de las cuerdas del violín de Paganini se rompió.

El maestro, la orquestra y hasta el público pararon, pero Paganini mirando su partitura continúa arrancando sonidos deliciosos de un violín con problemas. Entonces el maestro y la orquesta exaltados, vuelven a tocar.

Antes de que el público se serenara, otro sonido perturbador derrumba la atención de los asistentes. El maestro, la orquestra y hasta el público pararon, pero Paganini como si nada hubiese sucedido, olvidó las dificultades y avanzó sacando sonidos de lo imposible. El maestro y la orquesta, impresionados volvieron a tocar.

Todas las personas, atónitas, exclamaron OHHH cuando tercera cuerda del violín de Paganini se rompe. El maestro, la orquestra y hasta el público pararon, pero Paganini como si fuese un contorsionista musical, arranca todos los sonidos de la única cuerda que sobrara de su violín destruido. Ninguna nota musical fue olvidada. El maestro se anima. La orquesta se motiva. El público parte del silencio hacia la euforia, de la inercia al delirio. Paganini alcanza la gloria. Su nombre corre a través del tiempo. Más que un violinista genial, es el símbolo del profesional que continúa adelante frente a lo imposible. (Mensaje adaptado del Autor Marcos García Gamboa, enviado para el lunes del alma por cortesía de María Constanza Giraldo)

Cada dificultad en tu vida apenas es el reflejo de una cuerda rota, pero siempre queda algo por hacer y mucho por alcanzar con las cuerdas restantes. Evita centrarte en las dificultades, en aquello perdido, en lo que ya no tienes y enfócate en tus cuerdas buenas, es decir en tus bendiciones y talentos.

Evita mirar las cuerdas de los demás, tan solo concéntrate en las tuyas, reconoce y agradece todo lo que se te ha dado y con la certeza de tener tanto reinventa tu futuro para vivir en la abundancia, salud, amor y en la felicidad.

La energía del universo y la Sabiduría Divina iluminen este día de fe y esperanza

Heidman Janeth Ballesteros Ruiz

Guillermo Velosa Arbeláez

Eliath Javier Pérez Ballesteros

Consultores Motivadores Organizacionales

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