En cuanto a comidas (almuerzos y cenas) me remito a las que preparaba la abuela materna nuestra,en la ciudad de Huacho,Perú,región Lima Provincias.

La abuela vivía en la penúltima cuadra de la Avenida Dos de Mayo, a la que me referí en el artículo Personajes Pintorescos de Huacho,El Choclito.

Cocina,comedor y corral son lugares inseparables y que felizmente recuerdo con alguna precisión.

La cocina de la abuela funcionaba a carbón,tiempos de los años cincuenta del siglo pasado,y le daba por lo menos para cuatro hornillas, aparte del horno correspndiente de donde  preparaba deliciosos camotes asados.

El comedor adjunto a la cocina era espacioso y dotado de una mesa grande y larga aparte de las clásicas bancas, y  alguna silla para la principal de la casa.

El corral infaltable en aquellos tiempos era fuente de carne de gallinas y patos, separados para una mejor crianza en dos compartimentos, acompañados por una poza central que servía de piscina para las crias de los patitos amarillos y chinitos.

Permitan los lectores trasladar los platos de la abuela,para un artículo posterior que se titulará Las Comidas de Mamá, que como aprendiz de la abuela recibió las recetas y las trasladó a su diario quehacer en su propia familia,

A lo que si me voy a referir, son a los postres que preparaba la abuela, entre los que se contaba los dulces de camotes, el frejol colado y el dulce de tomate, entre los que más recuerdo.

El tiempo de la Cocina de la Abuela era el del batán ,hoy reemplazado por la licuadora; el del empleo de hierbas o el pescado o carne ahumada o salados, por que no había refrigeradora ni congeladora; y también de las compras diarias de las provisiones en el mercado de abastos o en las tiendas cercanas por los alimentos para los infaltables lonches de la abuela.

En cuanto a las tiendas cercanas, la del inmigrante japonés, chino y del criollo, son remarcables.Aparte de las clásicas bodegas ,más o menos surtidas, con su clásica "yapa", estaba la frutería con sus aromáticos olores , la carnicería bien surtida y la inolvidable dulcería,

Y ya que menciono los dulces de la abuela permitan recordar en algo la Dulcería  que era visitada ocasionalmente por nosotros, con una mesa grande bien surtida  de dulces preparada por el propietario,consumida por nuestros hermanos y con cuenta pagadas por papá, quien ordenaba las salidas tan esperadas a la dulceria ubicada muy bien en una esquina del barrio, esquinas cercanas que también ocupaban la Frutería y la Carnicería.

Tiempos idos que no volverán, reza el dicho.

Pero recordar es volver a vivir, queda este escrito que se suma a los de Desayuno a la Peruana y Comidas de media mañana, ya publicados.

 

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