Las cajas de ahorro nacen en el contexto crisis a principios del siglo XIX y su objetivo principal es combatir la usura que acuciaba a la población española de la época. Para realizar la labor social encomendada, las cajas de ahorro, en sus estatutos se estableció que no podían tener accionistas privados y no podían repartir dividendos, por lo que sus beneficios se destinarían a obras sociales del entorno.

Como vemos, la llamada banca ética que parece un invento actual, en este país ya se practicaba en el siglo XIX. Más aun, al existir cajas independientes en todas las provincias españolas, los benéficos obtenidos por los depósitos realizados por los ciudadanos de una provincia, revertían mediante obras sociales en la propia provincia, lo cual establecía un mecanismo de retroalimentación solidario entre la entidad de ahorro provincial y los ciudadanos de dicha provincia.

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