No hay nadie que quiera una crisis. Eso es lo que en apariencia se desprende de las declaraciones de los políticos, de las encuestas, de los telediarios. Es ese miedo inherente a la condición humana el que provoca que, ante el mínimo síntoma de cambio profundo, nos retiremos en retaguardia para salvaguardar lo poco o lo mucho que tenemos. Queremos estar seguros y, cuando algo amenaza con arrebatarnos esta seguridad, empezamos a temblar y a defender con uñas y dientes lo nuestro.

Pero, lejos de ser negativas, en realidad las crisis son muy necesarias. La renovación sería imposible sin ellas y, sobre todo, es gracias a ellas que descubrimos, casi siempre de manera violenta, que hemos estado siguiendo un modelo equivocado. Eso es lo que está pasando ahora. El modelo que hemos seguido ha sido en muchos sentidos erróneo y llega la crisis para abrirnos los ojos. Podemos seguir cometiendo los mismos errores para volver a pagarlos más adelante de nuevo o podemos captar el mensaje y renovarnos. Renovarnos o morir.

Parece ser que en Oriente ha habido desde siempre una concepción diferente de lo que es una crisis, más cercana a su auténtico significado, aunque actualmente todo está más homogeneizado y seguramente no haya tanta diferencia. De hecho, la palabra crisis está representada en algunos países asiáticos mediante los ideogramas de peligro y oportunidad. Y una crisis no es más -ni menos- que eso, una oportunidad para cambiar. Todo cambio conlleva un peligro, un riesgo inherente, pero a la vez nos permite la oportunidad de volver a descubrirnos, de reinventarnos.

Con esta crisis, muchas cosas cambiarán para bien, entre ellas las siguientes:

- La gente, en tiempos de crisis, prescinde de lo superficial y accesorio y se centra en lo importante y en lo útil. Eso implica que, para poder vender, tendremos que pensar en un producto que realmente proporcione un valor añadido al cliente, que le sea útil, que funcione. Se está viendo que, mientras muchas compañías que ofrecían productos pensando más en su economía que en las necesidades del cliente están pasando muchos apuros, otras que realmente ofrecían un buen producto están creciendo más ahora que no en tiempos de bonanza.

- Otra cosa que puede posibilitar esta crisis es que mucha gente se atreva a tener iniciativa y a emprender negocios por su cuenta. Hoy en día cada vez es más frecuente ver como alguien, harto de rendir pleitesía a un trabajo por cuenta ajena que no le aporta nada y que le amarga la existencia, se aventura a intentar vivir de aquello que realmente le gusta y le hace feliz. Hoy en día, Internet facilita mucho esta posibilidad. Obviamente, hay más riesgos cuando uno emprende aventuras de este tipo, pero el riesgo también conlleva una mayor pasión por lo que uno hace y, en definitiva, hace que ganemos todos.

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