Usando el mismo derecho que él a expresarse con libertad, manifiesto yo lo que siento. Joan Laporta es libre para pensar  y decidir lo que más le apetezca. Pero a mí se me alteran los sentidos. Su deseo constante de figurar y aparentar, de destacar sobre el resto de los mortales. Sus continuos movimientos de trepa, sus desplantes, su chulería, su perenne manipulación. El cómo se aprovecha de los triunfos ajenos, de la popularidad que le da el estar en el sitio adecuado en el momento ideal, presidiendo el equipo que mejor fútbol hace hoy en el mundo. Su  oportunismo. Todo junto me pudre. Me lo imagino sentado cual jefe galo en un escudo dinástico y arreado a hombros de seguidores incondicionales de su causa. La que fuera, la que le sirviera para ser elegido hombre del año, bota de oro de la política mundial. Estoy convencido de que no dudaría en pactar con el mismo Satanás.

Otra cosa son los conceptos y proposiciones que va a esgrimir en su lucha política. Que quede claro que los considero todos lícitos y totalmente legítimos. Pero ruego se me permita comunicar mis temores como alicantino, como habitante del sur de lo que ellos denominan países catalanes. Una vez conseguidos ejército y policía secreta, la anexión de la Comunidad Valenciana no tardaría en plantearse o, quién sabe, ejecutarse. Hasta Orihuela alcanzarían los dominios de Joan I el Conquistador.

Que nadie se ofenda. Yo esto lo digo, más que nada, por ir preparando un árbol genealógico para demostrar la pureza del linaje propio, no sea que, entre quema y quema de libros en castellano, Laporta y sus radicales amigos me preparen un expediente de expulsión y me depuren. O  me obliguen a llevar cosido un distintivo en la camisa. O  me tatúen un número de serie en el antebrazo. O…¡Qué locura!

Insisto, que nadie se ofenda. Todo puede parecer una tontería. Pero es que mi acentuada imaginación y mi incultura provoca en mí el horror de vislumbrar en el futuro un estado elitista y discriminador, presidido por un ideólogo de bote, muy cerca de mi casa. Y no me gustaría ser absorbido por la fuerza independentista de un mentiroso profesional. Me rebelaría con todo contra ello. ¡Tenemos muy mala suerte con los políticos que nos toca sufrir!

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