Perezosas, lentas muy lentas sobre los techos oxidados del pueblo, golpeteando incansablemente  como pequeños martillos de agua en la fragua del invierno, las gotas de  lluvia caían sobre el  pueblo del Cobín. 

El lugar, bastante pequeño de no mas de una treintena de casas, todas ellas construidas burdamente por sus habitantes, horcones de álamos, sauces entrelazados y revoque de barro resquebrajado por el tiempo, las ventanas construidas de  tablas mal labradas al igual que las puertas las hacían parte del paisaje, como el cerro mismo donde estaban, como las piedras grises de la quebrada cercana.

Yo no se que les dio a esas personas de quedarse a vivir  en ese lugar olvidado de Dios, era inhóspito, cruel, despiadado, era uno de esos paisajes encaramados en la punta de un cerro hostil.  

Miro el horizonte,  nublado y frío, los cerros cercanos coronados de  nubes repletas de agua, suspiro profundo y bebió un largo trago de vino tinto, rojo, espumoso, áspero ,casi  indócil, quería embriagarse, para olvidarse que  era uno de ellos, quería desaparecer junto con el paisaje, quería ser olvidado, quería borrarse de la vida. Cerro los ojos y la angustia se atravesó en su garganta, sentía como  su cabeza giraba y emitió un sollozo apretando los dientes hasta hacerlos rechinar, la rabia y  la impotencia se apoderaron de el sofocándole. Entonces le pareció estar de nuevo en Santiago, en la oficina, junto a sus compañeros de trabajo.

La noticia impacto a todos los presentes en la oficina, era una  de esas oficinas típicas con muebles de metal y un número pegado en su costado, tanto los estantes como las sillas, un calendario y los típicos tacos también de metal verde igual que las maquinas de escribir con sus desteñidas teclas negras, un calendario y un aviso en la puerta “Oficina de Contabilidad”

 -Cayo el gobierno, los milicos se hicieron cargo de todo-

 Era Rafael, quien hablaba, después de escuchar la radio, prosiguió indicando que las cosas ahora iban a cambiar mucho, que el orden se impondría de una vez, ya no faltarían las cosas en los emporios y que ya no comerían mas chancho chino  dijo que los  luky strike repletarían  los kioscos y blaquete blaquete bla.

 caos era total afuera, se escuchaba la balacera y los camiones acelerando sus motores, gritos y mas balazos, ulular de sirenas y estampidos de bombas que explotaban. Ordenes militares rellenaban las calles grises, inertes cuerpos acribillados, quedaban torcidos por las balas, el gemido de dolor del pueblo lastimaba los viejos edificios, luego silencio y de nuevo el ruido. Después  el bramido del aire cortado por los aviones repletos de muerte y destrucción hiriendo de muerte  la democracia.

 Salgamos de aquí, grito Juan, antes de que el lugar se llenara de humo y ruido ensordecedor, fue una explosión tremenda, los pedazos, el olor a carne chamuscada  y quejidos llenaban todo, sintió que la cabeza le estallaba, trato de arrastrarse tras el estante pero no pudo, estaba bajo su propio escritorio,  la explosión le lanzo de espaldas el viejo mueble le salvo la vida. Un fuerte golpe, un nuevo estampido y la nada.

 Un gran zumbido en los oídos, acompañado de un dolor de cabeza terrible lo volvió a la realidad, quise abrir los ojos y no pudo, algo pegajoso lo impedía trato de moverse, fue imposible estaba apresado por algo, escuchaba el sonido de un motor y el golpeteo de neumáticos sobre un camino ripiado. Intento abrir los ojos de nuevo solo logro abrir uno, una mano estaba frente a el, inerte, como  rama de árbol desgajado como pudo trato de  ver, pero su posición era incomoda y estaba asfixiándose trato de tomar aire y el olor fétido se metió en sus narices, un liquido viscoso corrió por la cara  y se introdujo en la boca atorándole, hizo    un esfuerzo extraordinario, logro moverse y tomar un poco mas de aire, la mano izquierda se soltó de su  prisión y asió  algo duro, era madera, tiro con fuerza y logro zafarse completamente, estaba casi obscuro, casi  grita de la impresión, no pudo hacerlo porque el  sonido se apago en un resoplido gutural, animal. Viajaba en un camión repleto de cadáveres, se movió pesadamente sobre ellos tratando de llegar al final del vehiculo, a la puerta trasera, una vez allí, se lanzo al vacío. El cabo Pérez y los dos conscriptos que lo acompañaban  en la cabina del camión no se dieron cuenta que uno de los cadáveres que iban a sepultar por orden superior había cobrado vida. Los habían retirado rápidamente junto a otros  inertes cuerpos semidestrozados por las bombas.

Cayó sobre unas ramas las que amortiguaron su caída y de paso le  catapultaron a una zanja. Allí  quedo inerte, sin pensar, solo respirando, solo respirando. Después cerró los ojos y se puse a llorar. La lluvia empezó a caer lentamente y pensó que la lluvia lloraba con el, convirtiendo todo en  lágrimas de lluvia.

Repuesto del golpe, adolorido en todo el cuerpo, se levanto, no con poca dificultad aun vacilante, empezó  a caminar lentamente, no sabía donde estaba, paso tras paso, tropezando a veces, arrastrando los pies y descansando de cuando en vez para tomar un nuevo aliento y seguir. De pronto un nuevo ruido de motor, se lanzo  de bruces a un costado del camino, paso raudo,  sus foco delanteros parecían los ojos de la muerte, que venía de vuelta ahora sin su carga macabra.

Después de caminar toda la noche logro  llegar  a  la carretera, solo de vez en cuando se veía venir algún vehiculo no intento detener a ninguno aun tenia el miedo pegado a la carne y la ropa mojada.

No  lograba entender porque había  ocurrido algo así en el país, es cierto tenían problemas pero de ahí aun golpe de estado, no se que  paso. Quizás debieron tener mas dialogo, si la oposición y Gobierno aparte de  ser lo que son también son chilenos, pero de ahí aun golpe de estado, un trueno anuncio mas lluvia.

Como un hombre puede entender que, de un día para otro  ya no tiene  trabajo, amigos, de la noche a la mañana pierde todo y además se convierte en un muerto sin serlo. Sin dinero, ni ropa,  se convierte en nadie, en un ser inexistente. Anduvo caminando sin rumbo por la orilla del camino, de pronto sintió  un agudo dolor en el pie izquierdo,  se había clavado una espina, ahí se dio cuenta recién que estaba descalzo. No con poca dificultad saco la espina y ridículamente se rió de  si mismo,  el pijecito de ayer el que usaba  zapatos de “petate”  ahora con pies destrozados por espinas y piedras. Movió  la cabeza y continúo su camino.

Fue en ese momento cuando pensó, estaba muerto para todos, para los milicos estaba muerto, para sus amigos también, sus padres  habían muerto hace dos años en un estúpido accidente de transito, sin hermanos, puesto que era hijo único, realmente no era nadie, siguió  hacia adelante como un fantasma caminando bajo la lluvia.

La situación en el país cambio radicalmente después del golpe de estado, la tragedia, el abuso, la corruptela, las denuncias, nadie estaba libre realmente en cualquier momento las fuerzas represivas podían caer sobre cualquier persona y simplemente desaparecerlas. El miedo se apodero de las calles,  muchos civiles pasaron a engrosar las filas los servicios secretos y vendían sin piedad a vecinos y amigos tildándolos simplemente de comunistas.

Nadie se preocupo mas de Marcos Rojas Mella, el oficinista, el joven de 24 años que gustaba de compartir con sus compañeros de oficina en peñas y bares  del barrio Mapocho, que fue simpatizante del partido socialista e hincha del Colo-Colo, el, que era la atracción de las mujeres de todas las edades, por su pinta de galán de cine. 

Se  supo con el tiempo, que la oficina equivocadamente  fue volada por los milicos y que resultaron muertos todos los ocupantes de ellas. Pero ¿que tenia de especial esa oficina de contabilidad? Nada, no tenia nada de especial, solo que la mala suerte la puso justo al lado de otra oficina en el mismo edificio donde el MIR  el movimiento rebelde se reunía.

Marcos estuvo deambulando por varias partes, olvidándose  hasta de su nombre y realizando labores que jamás pensó, los días pasaron lentamente como los meses y los años pero el régimen no pasaba nunca, durante ese tiempo el pobre hombre se fue desgastando por la vida azarosa que llevaba, cada vez olvidaba mas, su personalidad  se fue tornando  mas introvertida  las arrugas y el pelo cano en vez de darle un aspecto interesante le hacia verse rudo, vulgar, una figura que lo apartaba mucho de lo que había sido en su juventud. La barriga pronunciada y su andar cansino con una leve renguera lo hacia verse como un torpe ser.

Fue así como  llego a el   Cobín   ese villorrio apartado del mundo donde nadie pregunta nada o el porque de las cosas, el casi medio centenar de habitantes se dedicaba a labores típicas del campo, la ruralidad estaba inserta en su forma de vida simple, vernácula.

Marcos construyó en un terreno sin dueño,una  casa pequeña justo en la ladera del cerro cercana a la quebrada, comenzó por  darle forma al piso con piedras las que con mucho esfuerzo acarreaba desde la quebrada, una tras otra, las colocaba como un gran rompecabezas  sobre la tierra dura, después, las murallas, hechas de horcones y ramas de sauce amargo entretejidas, muy  tupidas, rellenas con paja, o varillas de culén dándole forma a las ventanas con varas de espino, árbol hermoso y abundante en el lugar, después la puerta rustica hecha de madera de boldo, era una puerta fragante sin lugar a dudas pero muy fea. Para  el techo uso ramas de álamo las cuales forro con barro, mucho barro por todas partes y  muchas planchas enmohecidas de zinc. Era una casa de dos habitaciones, un dormitorio sencillo y una cocina, pieza de estar y comedor a la vez, sin adornos en las murallas solo resquebrajaduras y arañas en los rincones, el barro el eterno barro cubría todo. En el corredor también hecho de quinchas solía sentarse en un tronco de sauce cortado forrado con cuero de oveja sin curtir y beber vino  en  un recipiente hecho de un tarro de esos que traen jureles en conserva. Bebía en exceso se había ya habituado, sus dedos amarillos al igual que sus escasos dientes mostraban un tabaquismo  crónico el cual se mostraba de vez en cuando  con una tosecilla ronca.

La vida suele entregar sorpresas a los  seres humanos a algunos le entrega fortuna y amor en abundancia a otros les quita todo. Marcos era de los quitados, de los desesperados, de los pobres habitantes  de este  país que resultaron mutilados en su alma  por una dictadura brutal.

La lluvia detuvo su asaetear sobre la tierra, el viento dejo de soplar y la quietud lleno con olor a humedad al poblado del Cobín, el hombre saco un doblado cigarro de su bolsillo, suspiro profundamente, miro el horizonte nublado como su espíritu, lo coloco en su boca  y lo encendió, el humo entro dañinamente a sus pulmones y lastimó lo último que quedaba bueno de ellos, estaba muriendo.

El viento empujo las  nubes nuevamente en su danza ancestral y los árboles siguieron el ritmo suavemente, en la lejanía  voló el pájaro gris con su canto de campanas destempladas y la lluvia soltó sus lágrimas desconsoladas sobre el poblado  del Cobin ese viejo poblado olvidado de la realidad y la vida. -  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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