No hay peor ladrón que los Ladrones de tinta, que roban las ideas y el esfuezo de los creadores, esta es la historia que nos propone Alfonso Mateo.

Nos encontramos en la España de principios del siglo XVII, en plena edad de oro en cuanto a las manifestaciones artísticas, pero de plena decadencia social, en el que la corona y la iglesia, con su brazo armando la Inquisición, acogotan a aquellos que tienen otras ideas o ilusiones.

Hace ya diez años que se publico la novela de Cervantes El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha, por Francisco Robles., del cual logro pingues beneficios, y ahora la aparición de una segunda parte firmada por un tal Alonso Fernández de Avellaneda y con otro editor, que amenaza sus ingresos.

El que un listillo le intente pisar su negocio le lleva a pedir a uno de sus empleados, Isidoro Montemayor, corrector de pruebas, gacetillero de la corte y encargado de un garito, a buscar al pretendido autor para ajustarle las cuentas. Isidoro Montemayor curtido en la vida y los lances de la Corte, se mueve con facilidad en todos los ambientes, desde los más sórdidos y bajos fondos, hasta las casas de mayor prestigio y postin.

También conoce los círculos literarios más selectos de la villa. En sus indagaciones logra saber que Avellaneda no existe, es el seudónimo de un personaje que desea vengarse de Cervantes por alguna ofensa recibida.

Su intención es que la Inquisición tome cartas en el asunto ya que acusa al escritor de cornudo y homosexual, crímenes que podrían llevarle a la hoguera.

Isidoro Montemayor ha de sumergirse en la obra de Miguel de Cervantes, e intentar encontrar en ella la posible ofensa y el ofendido, para dar con el impostor, ya que Francisco Robles esta esperando la segunda parte de la novela de Don Quijote de la Mancha, prometida por Cervantes y la novela apócrifa que ha sido publicada pone en peligro la publicación de la segunda parte de la historia prometida por CERVANTES.

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