Desde que nacemos nos enfrentamos a una complicada tarea: la CONVIVENCIA con otros/as. A pesar de que el ser humano es un ser social por naturaleza, no nos resulta sencillo compartir nuestro día a día con otras personas. Puede que se trate de un problema de empatía, salir de nuestro yo para plantearnos lo que pueda molestar, doler o gustar a otra persona desgraciadamente no parece un ejercicio muy habitual en las personas. Quizá sea un problema de educación, los colegios se encargan de culturizarnos y darnos una educación, pero son los padres y madres, nuestras familias las encargadas de darnos los valores que necesitamos en nuestro día a día para poder vivir y convivir. Otro posible problema unido a la educación sea una falta de comunicación, sí, nos cuesta hablar unos/as con otros/as, expresarnos y escucharnos. O simplemente se trate de un egoísmo algo elevado. Lo cierto es que en ocasiones parece que convivir suponga caminar por un labertinto interminable lleno de obstáculos. Las tareas del hogar, el orden, los ruidos, las pertinencias personales, los espacios, la comida, son temas habituales que generan conflictos en la convivencia. 

Cuando nos planteamos compartir piso con alguien (familia, pareja, amig@s, desconocid@s) a menudo cometemos el error de centrar nuestra atención únicamente en el piso en el que nos gustaría vivir o que al menos se ajusta a nuestras posibilidades económicas. Está claro que eso es un aspecto muy importante pero aún lo es más tener presente la compañía, esa persona o personas destinadas a compartir dicho espacio. Pero no sólo eso, sino que desde el principio debemos establecer unas normas claras que nos ayuden a que el día a día sea agradable:

  • cómo se van a distribuir las tareas del hogar
  • costumbres de cada uno/a
  • manías
  • cosas que nos disgustan
  • horarios
  • espacios comunes vs. espacios personales

Incluso si estas cuestiones se plantean y acuerdan por escrito mucho mejor porque como sabemos las palabras a veces se las lleva el viento. Con un poquito de empeño y compromiso se puede convivir y ser feliz. 

Por tanto, antes de plantearte una convivencia con alguien reflexiona y piensa si estás dispuesto/a a negociar todas estas cuestiones y esforzarte, de no ser así no se acaba el mundo, vivir en soledad puede ser una gran aventura.

 

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