La vida política en España se ha convertido en un cuento continuo. Cada entrega con la que nos deleitan los rectores públicos pasa a integrar una colección inmejorable de narraciones fantásticas y fábulas desquiciantes y absurdas. La historia de este país ha contado con numerosos oradores, genios de la palabra que desde estrados y púlpitos enriquecían diarios de sesiones y motivaban reacciones y discusiones sobre continentes y contenidos.

Pero lo que hay hoy en día no tiene desperdicio. Dos botones sirven como muestra. Para empezar,  Zapatero escogió Málaga para revivirnos el relato de Pedro y el lobo. Ahora que sí se le están comiendo las ovejas, ahora que el rebaño se desangra y se desintegra, el pastor reclama auxilio. Pero tantas veces se mofó de sus vecinos, que estos ya no quieren saber nada de él. Apáñatelas como puedas, le dicen. No se dan cuenta que quien pierde no es el mayoral de la finca; los que estamos palmando somos los componentes de la manada.

Paralelamente, Javier Arenas ejerce de gato con botas. Desde su posición de ayudante privilegiado del marqués Mariano de Carabás, busca el beneficio de su señor y, ya que estamos, conseguir para él la ínsula de Andalucía. Nobles y legítimos deseos, pero inoportunos por las circunstancias en las que nos hallamos. El día llegará y las urnas pondrán a cada uno en su sitio. Pero ahora se impone que gato y marqués luchen con el rey y no contra él.

Y ahí no acaba; podríamos hablar de Cándido Pan y su mundo idílico de nunca jamás o de Rosa, la bella durmiente, que ya podría ir despertando. Por no hablar de Pinocho, la Cigarra y las hormigas, el Rey león, Alí Babá y los ¿cuarenta? ladrones…Con permiso de Calderón, la vida es cuento y los cuentos, cuentos son.

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