La conexión de la verdad

La discusión sobre las diferencias y similitudes entre ficción y no-ficción sobran los argumentos para quienes reivindican lo ficcional y los cultores de lo real. En el estudio de estos textos, donde no soy una persona no muy instruida, estoy por ponerme de parte de un tercer grupo que sostiene que ambas corrientes se nutren mutuamente cada uno para llegar a sus propios fines. Sin mencionar que en algunos casos el fin tiende a ser muy similar.

Para realizar este trabajo he decidido detenerme en lo que creo es el aspecto central donde se unen los cuentos policiales y los relatos testimoniales: La búsqueda de la verdad.

A lo largo de este trabajo intentaremos demostrar como la verdad actúa como punto de unión del cual se nutren ambos géneros y como punto de partida para que ambos tomen los caminos que los caracterizan.

Para realizar este trabajo vamos a comparar dos textos de Rodolfo Walsh. El policial “Las tres noches de Isaías Bloom” y en contraposición “Operación másacre”.

Verdad y ficción

En su texto “Concepto de ficción”, Juan José Saer, decía que la ficción no solicita ser creída en tanto de verdad, sino en tanto que ficción.

Sin perjuicio de ello, en las novelas policiales el investigador se ve comprometido en debelar el misterio central y esto consiste en descubrir como fueron los hechos, encontrar al culpable y explicar el motivo por el cual se cometieron. Se confunde con el verosímil el mundo que el autor crea para narrar la historia y en ese mundo hay una verdad encubierta. Descubrir esta verdad, entonces, es parte esencial del trabajo de este investigador.

En la no-ficción hay una verdad también encubierta aunque los hechos sean por todo el mundo conocidos. Y el periodista narrador se convierte en el investigador que intentará reunir las pruebas para exponer su verdad (o versión) de lo sucedido.

La búsqueda de la verdad

Como mencioné anteriormente tanto en los policiales duros como en los relatos testimoniales de Walsh, la búsqueda de la verdad desarrolla un papel fundamental. En estos textos Delito, verdad y justicia son hechos que van de la mano.

La verdad en el caso de los policiales se va a presentar frente al investigador solo al final del texto, una vez que se hayan presentado todos los indicios que permitan al investigador deducir correctamente como se sucedieron los hechos y quien los cometió.

En el caso de los testimoniales, si bien los hechos son conocidos por todos, hay una verdad oculta. El autor la expone desde un principio y los relatos van conformando el argumento del narrador para avalar esa acusación. Mientras en “las tres noches de Isaías Bloom” lo único concreto es que hay un muerto y hay que ir reuniendo pistas para saber quien fue el asesino, en “Operación másacre” el responsable estaba identificado, los hechos eran conocidos por todos pero la verdad no estaba expuesta. Walsh encuentra al estado no como responsable sino criminal y se dispone a probarlo con la narración de los hechos.

Cuando el interés por la verdad toma diferentes caminos

En las novelas policiales los testimonios son pistas que van siendo recolectadas por el investigador. Solo al final de la historia el lector se entera qué de todo lo descripto constituye un indicio o prueba de lo sucedido y como éstas llevaran al investigador a descifrar el enigma y encontrar la verdad de los hechos. El desarrollo del texto se basa en una seductora trama de intriga y descripciones que concluyen en la interpretación de los hechos por parte del investigador, aunque a veces estos indicios se presentan al lector más claramente para que él mismo juegue a ser el detective. Para este caso sirve de ejemplo “las tres noches de Isaías Bloom” donde en la descripción de las habitaciones que el comisario y el detective iban recorriendo incluía entre los muebles la alfombra que cada una de estas tenía. Solo al final del relato se concluye en que, por el color de las alfombras iba a ser debelado el asesino.

En “Operación másacre”, por el contrario, los hechos son conocidos. No hay misterio sino que el crimen está debelado desde el principio. Ya desde el prólogo a la primera edición en 1957 Walsh habla así: “Escribí este libro para que fuese publicado, para que actuara… Investigué y relaté estos hechos tremendos para darlos a conocer en la forma más amplia, para que inspiren espanto, para que no puedan jamás volver a repetirse…”

Los testimonios ya no dan indicios de lo sucedido sino que son completas versiones. Los detalles de las descripciones tampoco son marcas de lo sucedido que se encadenaran en una deducción final, sino que constituyen contundentes pruebas de que lo sucedido fue tal como se relata. En una escena de reconstrucción que Walsh lleva a cabo en el basural escribió “Era fascinante, algo digno de un cuento de Chesterton. Desplazándose unos cincuenta pasos en cualquier dirección, el efecto desaparecía, el árbol se descomponía en varios. En ese momento supe que me encontraba en el lugar del fusilamiento”.

Walsh no usa esto como indicio sino para validar el testimonio de uno de los sobrevivientes (don Horacio) que le había indicado que allí era el lugar de los asesinatos.

La verdad según el género

Para el policial clásico se presenta en forma esquemática la siguiente relación: se da una situación inicial de normalidad, se sucede un crimen que rompe con la normalidad, el investigador por medio de la investigación revela los detalles del crimen, el culpable queda en manos de la justicia y se vuelve al estado de normalidad. En este caso, la búsqueda de la verdad solo constituye un medio para volver a la normalidad y no implica, generalmente, más que el esfuerzo intelectual del investigador.

En los policiales negros el esquema es distinto: hay una situación inicial de corrupción, por ejemplo el sistema en el que se vive es un sistema corrupto. Se sucede un crimen como producto de ese sistema. El investigador se involucra en revelar los hechos con el fin de impartir justicia, aunque esa justicia sea solo una reparación temporal de lo sucedido, pues como consecuencia del deterioro del orden social otro crimen azotará nuevamente las calles.

El clima con el que empieza la novela generalmente es desalentador sobre el estado de la justicia, por lo tanto es el investigador el encargado de, además de buscar al culpable, impartir justicia. Esto realza la figura del investigador duro, solitario, conocedor de la vida en las calles.

En cambio, en la no-ficción, se vive un clima más desalentador. A la imagen decaída de la sociedad que se vive en el policial negro se suma que aquí es el Estado el que comete el delito. En este caso la búsqueda de la verdad termina teniendo un carácter más bien reivindicativo pues quien tendría que finalmente impartir justicia es el mismo criminal. Con la esperanza de reparación perdida solo queda que el periodista, convertido en investigador, sea el mismo quien intente impartir justicia desde la denuncia, desde las pruebas concretas.

 

Conclusiones

Como hemos visto, la búsqueda de la verdad se presenta como un factor común entre los relatos policiales y no-ficcionales. Pues En ambos casos esta búsqueda es determinante para la reconstrucción de los hechos.

Hemos visto también que el fin último de esta búsqueda es para el primer caso es bastante distinto que en el primero. Mientras que en el policial la búsqueda de la verdad está en función de herramienta para debelar el misterio inicial, en la no-ficción esta búsqueda de la verdad es el motivo de la narración. Amar Sanchez se refería a los textos de Walsh de la siguiente manera: “En los tres textos no-ficcionales de Walsh, las investigaciones tienen por objeto descubrir a los culpables de los delitos y conseguir que se haga justicia; pero si esto último fracasa, no es por que no se sepa la verdad, sino por que el sistema y las autoridades que lo encarnan son corruptos y arbitrarios.”

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Bibliografía

“Operación Másacre (Rodolfo Walsh)”, Ed. La Flor – 2001

“Las tres noches de Isaias Boom” (Rodolfo Wlash) – Apunte de la catedra

“El eterno sueño de justicia” (Ana María Amar Sancheaz)

“El concepto de ficción (Juan José Saer)

“Rodolfo Walsh y el lugar de la verdad” (Ricardo Piglia)

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