Una vez más, se ha cunplido la tradición del siglo XVl y más de 1.200 galoparon desde El Rocío hasta Almonte. Las yeguas forman parte del escenario de una ascentral tradición que se renueva cada 26 de junio desde hace más de cinco siglos.

 

Esta jornada empieza el día antes, los yegueros al galope de sus caballos, van agrupando animales, y los caballos serpentean las calles, perdiendose entre el polvo y contemplados por miles de personas que esperan. La belleza de esta estampa con la naturaleza se funde en emociones y colores.

 

Tras enfilar la calle Sanlucar, resulta conmovedor el recibimiento de todo el gentío que se agolpa a las puertas del Santuario del Rocío. Desde Doñana, los yegueros (unos 350 este año) condujeron el ganado a la antigua, sin mas guía que el propio atavismo de siglos y siglos, y el oficio trasmitido de generación en generación.

 

Por la tarde, antes de entrar en Almonte, los yegueros empiezan la tarea de apartar y agrupar en tropas a los animales para seguir camino del pueblo. En la esquina del Chaparral, un monumento perpetúa en bronce esta tradición, que hace, por ejemplo, que Almonte esté hermanado con el municipio pontevendrés de La Estrada por su "rapa das vestas".

 

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