Raymond Serway expresó alguna vez que “la filosofía se escribe en ese gran libro que nunca miente ante nuestra asombrosa mirada – el universo- pero que no podemos entender  sino aprendemos primero  el lenguaje y comprendemos los símbolos con los cuales esta escrito…sin la ayuda de los cuales es imposible concebir una sola palabra de él y sin los cuales uno, vaga longitudinalmente por un oscuro laberinto”[1]. Pero ¿Cómo aprender ese lenguaje e interpretar esos símbolos? Desde sus orígenes el hombre ha mantenido una eterna lucha contra la ignorancia que posee sobre el mundo que habita. Hoy aún esa batalla continua, pues el desconocimiento acerca de su origen, naturaleza e incluso su evolución es un misterio. En este sentido; el conocimiento que el hombre ha producido durante esa eterna lucha ha trascendido a través del tiempo de generación en generación hasta llegar incluso a sobrepasar los limites de la realidad. Ejemplo de ello es la Teoría de la relatividad de Albert Einstein, cuya característica principal es su capacidad para predecir fenómenos que antes no se creían factibles.

 

Se sabe que “la relatividad fue concebida para explicar experiencias en escala humana y no se refería, inicialmente, más que a los fenómenos propios de esta escala. Pero también ha demostrado ser eficaz en el dominio de lo infinitamente grande  y de lo infinitamente pequeño”[2].  Según Coudine; es ésta una característica muy sorprendente, pues, por lo general las nociones concretas son validas dentro de la escala para la que se las ha establecido y dejan de tener significación en una escala diferente[3]. En este sentido; el conocimiento, se nutre de un carácter prodigioso y maravillosamente excepcional que asombra a la misma humanidad.

 

La pregunta ahora es ¿Cómo ha logrado el hombre trascender y transformar en el tiempo ese conocimiento que ha producido? Shapin demostró en su articulo “Una bomba circunstancial: la tecnología literaria de Boyle” que la producción de los conocimientos esta ligada a la exposición de los mismos, de hecho afirma que “el discurso sobre la realidad natural es un medio de producir conocimientos relativos a esta realidad, de reunir un consenso sobre estos conocimientos y delimitar dominios seguros en relación con otros más inciertos”. Vemos entonces que el discurso; ya sea escrito u oral, es y ha sido desde siempre el medio de transporte e inmortalidad de esos conocimientos a través del tiempo, lo que Shapin ha denominado “Tecnología Literaria”.

 

Aunque es importante aclarar que dentro de los propósitos de este ensayo no esta profundizar en el trabajo realizado por Steven Shapin, si se busca rescatar el valor que toma su propuesta en el campo de la educación.

 

Desde la Ley General de Educación, el educador es concebido como un orientador de los procesos de formación, enseñanza y aprendizaje de los educandos[4]. En consecuencia; el docente tiene gran parte de responsabilidad en la forma en que conduce tales procesos. Es así como sus métodos, estrategias y técnicas para la enseñanza, al igual que el discurso que utiliza, se convierten en un arma vital para la enseñanza y el aprendizaje de las ciencias.

 

Mockus afirma que “el conocimiento propio de una disciplina científica nace y adquiere una dinámica relativamente estable gracias a procesos de comunicación provistos de características muy especiales. Entre esas características se rescatan:

 

  1. Procesos de indagación y de discusión que desembocan con notoria facilidad en acuerdos basados en consenso no coactivo y

 

  1. Procesos de formación que posibilitan la persistencia en el tiempo y el crecimiento, tanto de la comunidad así configurada, como del acervo de conocimientos  por ella desarrollados[5].

 

Es en este sentido; que el discurso, la comunicación y el lenguaje se apropian de los espacios de discusión y de concertación en la escuela, que en últimas conducen a la reflexión de los conocimientos. Se sabe que en cada contexto hay formas de comunicación que le son particulares; por ejemplo, es diferente el lenguaje que se utiliza en el contexto extraescolar al que se encuentra explicito en la escuela. Mockus et al; afirma que en “distintas ocasiones y contextos se han reconocido marcadas diferencias entre el conocimiento (o la comunicación) que tiene lugar en el ámbito de la escuela y el conocimiento (o la comunicación) fuera de ella…El acceso a la escuela representa un transito arduo y conflictivo hacia formas de conocimiento y de comunicación ajenas a la vida extraescolar”[6]. Pero también es cierto que cada disciplina goza de un lenguaje que le es propio; ejemplo de ello, es la diferencia respecto al tipo de lenguaje que se utiliza en la Física y el que se emplea en las Ciencias Sociales. El primero requiere de un mayor número de expresiones matemáticas y simbólicas que el segundo.

 

Debido a esas diferencias de comunicación que se presentan, se hace entonces necesario que el maestro en su rol de orientador no solo este en la capacidad de dominar el lenguaje propio de la disciplina que enseña, sino también que pueda comunicar ese conocimiento tan claramente que sus educandos le entiendan y aprendan a dominarlo tal y como el docente lo hace. Incluso hasta el punto de lograr que los estudiantes lo enseñen a otros de forma similar y con el mismo dominio que mostró su orientador. “No es arbitrario el que desde Aristóteles hasta Bachelard se haya considerado que el verdadero dominio de un saber científico se expresa en la plena posibilidad de enseñarlo”[7].

 

El discurso empieza entonces a tener valor para el maestro; puesto que es a través de él que se logra configurar el conocimiento, y de algún modo permite que estos persistan y se modifiquen en el tiempo, pero también es importante considerar que todo discurso permite procesos de discusión que en términos generales conllevan a consensos no forzados. Así, Shapin expresaba en su articulo que “los medios apropiados por los cuales deberían ser engendrados y validados los conocimientos legítimos, corresponderían a la exposición de los mismos de forma tal que permita extender esa experiencia a una comunidad más numerosa”[8].

 

Se ha dicho que el discurso, en palabras de Shapin “Tecnología Literaria”  permite la difusión de los conocimientos en el tiempo, la pregunta es ¿Cómo es posible su persistencia? Para dar respuesta a esta cuestión, es necesario hablar también de lo que Shapin llamó “Tecnología material” y “Tecnología social”.

 

Shapin expresaba que “la creación de hechos reposa sobre tres tecnologías: una tecnología material, correspondiente a la creación y utilización del experimento; una tecnología literaria, por la cual los fenómenos producidos son comunicados a aquellos que no son testigos directos de estos fenómenos y la tecnología social que establece las convenciones que los filósofos debían emplear en sus reportes para examinar los conocimientos”. Cuando se inserta esta visión en el campo de la educación surge una nueva forma de entender y hacer ciencia, provocando así; una nueva interpretación de la propuesta de Shapin pero con un enfoque pedagógico y didáctico. Para explicar esto, es necesario retomar cada elemento clave de dicha propuesta.

 

En primer lugar; la Tecnología Material o experimento constituye un aspecto importante, pero no el único en la construcción de hechos. El concepto “hecho” aparece aquí como resultado final de la interacción que se da entre el experimento (Tecnología material), el discurso (Tecnología literaria) y el establecimiento de convenciones para comprender el fenómeno que se estudia (Tecnología social). En este sentido, el experimento se convierte en una prueba física que permite al experimentador o al docente describir y explicar aquello que se enseña, aunque no siempre es posible reproducir el fenómeno al interior del aula de clase; sin embargo, esto no se convierte en una barrera para enseñar los conocimientos, para eso está; además del discurso, la posibilidad de compartir con un público (estudiantes) y discutir con él las confrontaciones que se han generado y que se generan aún. Con esto; no se pretende negar la importancia del uso y construcción de los experimentos en clase; al contrario, son ellos  componentes fundamentadores de los conocimientos expresados por el maestro. 

 

Por otro lado el discurso; que ya fundamentado y justificado al inicio de este ensayo se configura también en un eje fundamentador y arma poderosa del maestro, pues es a través de él que los conocimientos circulan no solo al interior del aula sino que permite superar las barreas físicas de la escuela y trascender a la sociedad y el mundo en general por medio de los medios de comunicación masivos: prensa, televisión, Internet, radio, etc. Es importante aclarar que el discurso que se inscribe en el campo de la educación, es un discurso de carácter pedagógico y didáctico que busca además de la difusión y circulación de los conocimientos, una reflexión de los mismos, cuyo propósito final es la formación.

 

Por último la tecnología social, la cual el maestro reelabora al lado de sus educandos. La reelaboración en este sentido; hace referencia al tipo de discurso que el docente debe utilizar de acuerdo a la calidad del auditorio que se tiene en frente, puesto que el discurso que utiliza un experto para un público constituido de estudiosos de la materia que se expone no es el mismo para un público conformado por estudiantes de secundaria. El discurso se reelabora dependiendo del tipo de auditorio que se tenga. En otras palabras, esa tecnología social es lo que muchos expertos llamarían en el campo de lo pedagógico como: “Transposición Didáctica” que se hace de acuerdo a las necesidades y exigencias del contexto en el cual se encuentra inmerso el docente.

 

Es más fácil enseñar y aprender un conocimiento específico cuando todos hablamos en el mismo lenguaje, por esta razón  es que la tecnología social constituye el tercer elemento fundamental para la construcción, en términos generales de lo que es un hecho. Esa recontextualización que hace el maestro para llevar los conocimientos científicos al aula, permite establecer unos juegos de lenguaje propios de cada contexto instaurándose así las convenciones que facilitaran a los estudiantes estudiar y comprender el fenómeno. 

 

Estos tres componentes fundamentadores del hecho, son dependientes uno del otro, pues uno no puede sobrevivir sin los otros dos, cada uno de ellos se retroalimenta entre sí. Para ampliar un poco esta idea es necesario referirse al hecho como una construcción social que se hace presente en la escuela.

 

Shapin afirmaba que “una experiencia que no fuera investigada más que por un único hombre no sería un hecho. Si varios hombres, y en principio todos pudieran atestiguarla, su resultado constituiría un hecho”. Vemos aquí, que un acontecimiento se instaura como hecho solo si solo presenta un gran número de testigos que puedan dar fe de él, esto significa que ni el experimento, ni el discurso, ni la presencia del experimentador como único testigo por si solos constituyen un hecho. Arboleda, Luís afirma que “todo saber  es, en el mejor de los sentidos, un constructor social y esta enraizado en intereses sociales”[9] razón por la cual la presencia de gran número de testigos, ya sean expertos en el tema o simples actores, se hace necesaria, pues son ellos los que le otorgan el carácter social. En este sentido, los estudiantes representan el público, es decir, el auditorio del maestro; pues  es a través de ellos, del discurso y del experimento que el hecho empieza a ser presencia en el aula de clase. Así; los estudiantes se convierten en comunicadores permitiendo la circulación del conocimiento en el contexto en el que se desenvuelven.

 

La construcción del hecho en la escuela toma importancia en la medida en que permite a los estudiantes dar fe de aquello que se aprende, además de favorecer la comprensión del fenómeno, la discusión y establecimiento de consensos en torno al mismo. Es esa interacción y reflexión de los individuos lo que le otorga un carácter social al hecho.

 

En conclusión y como expresa Mockus “es cierto que toda comunicación tiene lugar en un contexto especifico y se halla regulada por el orden social. Pero, al mismo tiempo, toda comunicación abriga posibilidades de libertad y de ampliación de la conciencia” en consecuencia; el discurso como símbolo de libertad permite al hombre dar fe de la interpretación que hace acerca del universo que aún desconoce en su totalidad.

 SANDRA MILENA BOLÍVAR CUARTAS

 

 

[1] SERWAY, Raymond. Física. Macgraw Hill. México. 1996;pág.646.

[2] Tomado de COUDINE, Paúl. La relatividad. Pág,09.

[3] Ibid;09.

[4] Ley General de Educación. Ley 115, febrero 8 de 1994. Capitulo I, artículo 104.

[5] MOCKUS, Antanas, GRANES, J y  J. CHARUM. “Conocimiento y Comunicación en las ciencias y en la escuela” en Educación y Cultura Nª 8, Bogotá (1986).

[6] MOCKUS, Antanas et al. Articulación entre conocimiento escolar y conocimiento extraescolar.

[7] MOCKUS, Antanas, GRANES, J y  J. CHARUM. “Conocimiento y Comunicación en las ciencias y en la escuela” en Educación y Cultura Nª 8, Bogotá (1986).

[8] SHAPIN, Steven. Una bomba circunstancial: la tecnología literaria de Boyle.

[9] ARBOLEDA, Carlos. Acerca de la propuesta del problema de la difusión científica en la periferia: el caso de la Física newtoniana en la Nueva Granada (1740-1820). En Ideas y Valores. No. 79, Abril 1989. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá 1999,pp 15-.30.

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