La pobreza crece cada vez más debido a las ineficientes políticas económicas y a la desigual distribución de la riqueza. Sus múltiples derivaciones representan la peor indignidad que le puede caber a la raza humana: el hacinamiento, el analfabetismo, la violencia, la marginalidad. Pero en este caso quisiera referirme en forma puntual a una de sus más tristes consecuencias: la niñez abandonada. Doy por sentada la necesidad de buscar y nunca cejar en los intentos de darle una solución apropiada y sostenida a este flagelo. Pero sin intención de filosofar o debatir cuales debieran ser las políticas estatales o institucionales mas convenientes (dejo ese debate a los políticos, sociólogos, teóricos y economistas), quiero procurar la auto reflexión sobre la responsabilidad individual que nos cabe al respecto, generar conciencia social y difundir la cruzada personal de tomar acción directa en lo que respecta a mitigar en todo o en parte el abandono y el desamparo de un niño.

Quiero hacer una apelación a la sensibilidad de todos, a su generosidad y a todas las buenas cualidades que conforman esa espiritualidad elevada a la que debemos aspirar no solo con rezos sino sobre todo con prácticas. Hay muchos chicos en la calle, llevando a cabo distintas acciones que por igual los denigran, humillan y exponen a todo tipo de riesgos ya sea contra su integridad física como moral y psicológica. Los vemos mendigar, Hurgar la basura, exponer sus discapacidades, lavar vidrios en las esquinas, lustrar zapatos… para poder cubrir sus mas elementales necesidades y sucede que o no los notamos y los esquivamos cual bultos, nos molestamos con su presencia, nos compadecemos de ellos sin más o no queremos mirar y volteamos para otro lado.

Pero están…, siguen ahí para recordarnos que ellos viven la miseria porque no tienen opciones, pero nosotros vivimos la miseria moral aún pudiendo elegir. No esperemos a ver quien comienza a hacer algo, hagamos algo cada uno de nosotros sin que medie ningún trámite. Quien pueda emprender acciones de más capacidad y envergadura, mejor, pero el común, cada uno de nosotros, no nos limitemos a esperar a estar en mejor situación para actuar; la suma de muchas pequeñas actitudes hacen también una gran obra. Practiquemos el dar,  aunque los retóricos digan que no es el mejor camino para resolver el tema y que es mejor promover la educación y la obtención de recursos, sabemos que no se puede aprender o planificar cosa alguna con el estómago vacío o durmiendo en la calle, que el hambre no espera a una graduación y que sobrevivir a cada día es una batalla que estos chicos lidian minuto a minuto.

Entonces no perdamos tiempo, el dar es urgente, pero el dar en su real dimensión, el dar como virtud, sin buscar excusas, ni ponernos en posición de jueces a ver si el destinatario es merecedor de la caridad que tratamos de intercambiar como mercancía. Demos por el placer de dar, demos cualquier cosa, dinero, comida, ropa, medicamentos, pero demos. Yo trato de hacerlo siempre y agradezco a Dios esa posibilidad. Si creen que no tienen nada para dar vean la abundancia de recursos con que contamos: podemos dar tiempo, consejos, palabras de afecto, contención, cariño, buen trato y tantas cosas más. Normalmente recibo críticas por darle, entre otras cosas, dinero a los chicos que piden, pero siempre he creído que debe ser muy feo tener que pedir como para que encima te digan que no! y quien me dice que lo que di no fue quizás su único alimento de hoy?. Otros me dicen: – son vivezas! ya están acostumbrados!, pero yo digo: donde esta la viveza? si fuera lindo y fácil pedir ya estaríamos todos mendigando. no! no debe ser fácil.

Otro reclamo es: Son vagos, que vayan a trabajar!, pero esa edad no es para trabajar, la niñez es la edad para jugar, para reír, para que sentirse amados; y una muestra de que estas son excusas las da el hecho de que cuando estos chicos trabajan lavando vidrios, lustrando zapatos o haciendo malabares en los semáforos, ni así nos conmovemos mas que para darle unos míseros centavos o directamente nada. Otra excusa es: no hay que darles dinero, hay que darles comida. y yo respondo Sí, hay que darles comida, pero no solo tienen que comer, existen otras necesidades que no tienen porque desnudar ante mí para que yo las considere. Busquemos menos razones y generemos más acciones. No tratemos de hacer un mundo mejor, lo hagamos!

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