Siempre se dijo que el ser humano viene al mundo desprovisto de armas naturales, o sea, sin garras afiladas como tienen los felinos, por ejemplo, o sin cuernos como los de los toros o los rinocerontes, sin caninos largos y puntiagudos como los de los lobos o los coyotes, sin espinas como las que posee el puercoespín, sin espolones como los que se hallan bajo las alas de los teros, sin picos afilados como los que tienen las aguilas, sin venenos como encontramos en las vívoras, sin fuerza bruta como la que tienen los osos, sin velocidad como la que alcanzan los delfines o los chitas, sin camuflages como las iguanas, y un largo etcétera. Esto no es así… y lo demuestra el hecho de que somos la especie dominante del planeta. ¿Entonces?

Es verdad que carecemos de estas armas naturales y de muchas otras que se pueden encontrar en el reino animal con prodigalidad; pero es verdad también que no nos hacen falta, pues con la única arma natural con la que nacemos, esto es, la mente (un cerebro altamente desarrollado) podemos hacer mucho más que con cualquiera de aquellas. Incluso podemos (y lo hacemos) fabricarnos tales armas, mejorarlas, variarlas, fabricarnos otras inexistentes y más. Que nuestra vista no es tan aguda, inventamos microscopios, telescopios y gafas para ver en la oscuridad o máquinas que permiten ver a través de la carne y de los objetos. Que nuestro sentido del oído se queda corto comparado con el de los cánidos o el de los felinos, no importa, hemos logrado fabricar instrumentos que aumentan la audición miles de veces y otros que nos permiten escuchar el ruido que llega de galaxias lejanas. Que nuestro olfato o nuestro tacto son limitados, logramos ( o lograremos si aún no) construir máquinas más finas y sensibles que el órgano homónimo más fino y sensible que encontramos en la naturaleza. Hay aves y peces cuyo sentido de la orientación es imbatible, nosotros construimos algo que lo supera: brújulas, giroscópios o GPS. También hay animales que si pierden una extremidad, ésta se les regenera. Nosotros no tenemos tal capacidad, pero podemos implantarnos prótesis artificiales cada vez más desarrolladas y capaces.

Como se ve, tampoco nos detiene ningún medio, podemos volar por los cielos azules o entre las tormentas más duras, podemos zurcar los mares o sumergirnos a las profundidades, podemos además salir de la atmósfera terrestre para movernos en el espacio, podemos iluminar la oscuridad más negra, podemos luchar contra el calor o el frío más agresivo, podemos mejorar nuestro habitat y podríamos destruir la tierra, nuestro hogar.

Por todo esto digo que la mente es el arma natural más poderosa, es la eficacia que nos hace mejores y a la vez más letales; y la diferencia que hay entre la mente y cualquier otra arma natural es abismal, no hay comparación. Pero la mente no es más que eso, un arma natural; con toda su capacidad y con todo su poder es sólo un derivado, una herramienta que sirve a un fin determinado, la supervivencia de la especie; nada más.

Se equivocan los sistemas filosóficos que sostienen que tras todo hay una mente primigenia, porque el mundeo desde sus orígenes ha existido sin nosotros ni nuestro cerebro. Miles de millones de eones han pasado hasta que surgió una mente animal y millones de años más hasta desarrollarse hasta el nivel que en nosotros ha alcanzado. Y si nosotros o la vida sobre la tierra desaparecieramos, el mundo seguiría su curso natural por siempre, sin mente. La capacidad mental es sólo nuestra; es sólo otro eslabón de la cadena evolutiva. Es más, como último argumento propongo que tengamos presente que si perdemos nuestro funcionamiento mental, pero seguimos vivos como en los casos de coma profundo dejamos de ser nosotros y nos convertimos en un vegetal… si hubiera una mente primigenia ¿dónde está en ese momento? La mente es lo ulterior.

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