El  pasado viernes 6 de Agosto un profundo silencio envolvió la ciudad japonesa de Hiroshima. Eran las 08.15. La misma hora en la que hace 65 años EEUU lanzó la primera bomba atómica que acabó con la vida de unas 90.000 personas de manera instantánea y de otras 50.000 en los meses posteriores de 1945. Tres días después, el 9 de Agosto, se lanzaba el segundo ataque atómico, esta vez en Nagasaki, el número de victimas mortales inmediatas a la explosión fue de unas 70.000. El número de fallecidos siguió aumentando con los años debido a las radiaciones provocadas en la población por las bombas nucleares.

Bajo un cielo azul, similar al que brillaba aquella mañana de 1945 sobre Hiroshima, el alcalde de la ciudad, Tadatushi Akiba, enviaba un conmovedor mensaje en la ceremonia de recuerdo del 65 aniversario del bombardeo:

"Hiroshima se convirtió en un infierno donde los que consiguieron sobrevivir envidiaban a los muertos".

Una frase dura, muy dura, pero que describe y ayuda a "visualizar" el sufrimiento vivido, por otro lado difícil de imaginar. Una declaración que estremece el corazón, provoca a los sentimientos e incomoda a quienes, como yo, tan poco nos hemos aplicado en conocer y entender los testimonios y experiencias de las decenas y decenas de miles de personas civiles, de toda edad y condición, que fueron condenadas al "infierno" desde aquellos días de Agosto de 1945.

Mi primer y a la vez humilde "goo" está dedicado a ellos y ellas, como una microgota que suspira por unirse al caudal que lleva a la historia con mayúsculas, a la historia desnuda, sin aditivos contextuales o interesados. A la historia o historias de las personas horriblemente masacradas, incendiadas y quemadas, impregnadas de radiaciones para el resto de sus días y desposeídas del todo (sólo en Hiroshima más 65.000 edificios se volatilizaron). Un cibercaudal que desemboca en el ciberespacio de la memoria de las dos ciudades japonesas. Que llega al "Archivo de Nagasaki" y al "Museo Memorial de la Paz de Hiroshima". Dos web muy recomendables para el conocimiento, para la sensibilidad humana.

Archivo Digital de Nagasaki.

Los y las supervivientes de la bomba atómica, "Hibakusha" es su denominación, tienen un media de edad de 75 años (eran niños y niñas de tan sólo 10 años cuando EEUU les lanzó la bomba atómica) y como símbolos vivos de la tragedia se resisten a que sus testimonios se vayan con ellos y ellas.

El "Archivo de Nagasaki", una iniciativa digital con la aplicación "google earth" recoge las fotos de algunos y algunas de los y las supervivientes sobre un mapa en 3D de la ciudad. Al hacer clic sobre uno de los retratos se lee el testimonio de esa persona asociado a la ubicación donde hace 65 años fue sorprendido por el ataque.

El archivo, como narrador digital de la historia para el presente y futuro, alerta de que ha decaído la atención de los medios de comunicación y del sector educativo, con lo que la memoria está disminuyendo gradualmente. Y añade que nadie puede descuidar la amenaza que existe en el planeta, ya que en la actualidad pueden existir más de 20.000 armas nucleares en el mundo.

"Nagasaki Archive" también permite al cibervisitante interactuar en un mapa de pensamientos por la paz. Los mensajes recibidos  flotarán en el cielo de Nagasaki, en el Nagasaki virtual 3D "google earth".

Museo Memorial de la Paz de Hiroshima.

Seguro que no será lo mismo que acudir físicamente, pero Internet es una recomendable alternativa para conocer algo más sobre el ataque atómico a la población.

En mi visita virtual a "Hiroshima Peace Memorial Museum" me ha marcado y conmovido especialmente los elementos, materiales y cosas asociadas a las personas victimas de los ataques. Por ejemplo el triciclo calcinado de un niño de 3 años y 11 meses. En la mañana del 6 de Agosto de 1945, cuando jugaba con él delante de su casa(a 1.500 metros del epicentro de la explosión) ambos quedaron calcinados. Su padre no quiso enterrarlo lejos de su hogar, quizás pensando que era demasiado pequeño para morir y que aún podía jugar con su triciclo enterró a Shinichi y su pequeño vehículo en el patio trasero. En el verano de 1985, tras cuarenta años, el padre desenterró los restos de Shinichi y los trasladó a la tumba de la familia. El triciclo, el mejor amigo del niño, lo donó calcinado al Museo.

O la historia del reloj de bolsillo de Kengo Nikamana, de 59 años. Aquel 6 de Agosto estando sobre un puente a 1.640 metros del epicentro, la explosión lo lanzó al rio.Con graves quemaduras en varias partes del cuerpo logró llegar a casa de un familiar. A pesar del mejor cuidado de su familia, murió el 22 de Agosto. Impresiona ver la foto del reloj con la hora del lanzamiento de la primera bomba atómica, las 08.15. Reloj que fue un regalo de su hijo mayor y que Kengo mantuvo con él en todo momento, incluso cuando fue impulsado por la explosión. Estas dos historias son parte de las muchas que encontrarás en la web del museo y que junto a datos, fotos..... conforman la historia de la barbarie atómica en Hiroshima.

 

 

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