Gran decepción tenía el joven de esta historia por la forma tan inhumana del comportamiento de casi todas las personas y su amargura absoluta radicaba al sentir que ya a nadie le importaba nadie.

Dando un paseo por el monte, sorprendido quedó al ver a una pequeña liebre llevando comida a un enorme tigre bastante malherido, Le impresionó tanto este hecho, que regresó al siguiente día para ver si el comportamiento de la liebre era casual o habitual. Con enorme sorpresa pudo comprobar que la escena se repetía: la liebre dejaba un buen trozo de carne cerca del tigre.

Pasaron los días y la escena se repitió de un modo idéntico, hasta que el tigre recuperó las fuerzas y pudo buscar la comida por su propia cuenta.

Admirado por la solidaridad y cooperación entre los animales, se dijo: -¡No todo está perdido!. Si los animales, inferiores a nosotros, son capaces de ayudarse de este modo, mucho más lo haremos las personas-. Y decidió hacer su propia experiencia: Se arrojó al suelo, simulando estar herido para esperar a alguien y recibir su ayuda. Pasaron las horas, llegó la noche y nadie se acercó en su auxilio. Estuvo así durante todo el otro día; ya estaba a punto de levantarse mucho mas decepcionado que al inicio de esta historia, con la convicción de una humanidad sin remedio.

Sintió dentro de sí: La desesperación del hambriento. La soledad del enfermo. La tristeza del abandono. Su corazón estaba devastado, pues casi no sentía deseos de levantarse. Entonces allí en ese instante escuchó una melodiosa voz, muy dulce, en el centro de sí: - "Si quieres encontrar a tus semejantes, si quieres sentir que todo ha valido la pena, si quieres seguir creyendo en la humanidad, para encontrar a tus semejantes como hermanos... DEJA DE HACER DE TIGRE Y SIMPLEMENTE ACTUA COMO LA LIEBRE” Adaptación de mensaje del cual desconocemos su autor.

No tenemos la posibilidad de cambiar a quienes nos rodean, por más esfuerzos que hagamos, jamás podremos transformar a nuestros compañeros de trabajo, ni a los vecinos y menos a nuestros padres, hermanos, pareja o hijos. Solamente tenemos el poder de cambiar nosotros mismos. Cuando yo cambio, se da una magia especial sobre quienes están a mi lado cuando se contagian de mi cambio y automáticamente también cambian.

La invitación es dejar de ver los defectos ajenos y centrar la atención en tu propio ser. Reconocer los aspectos a mejorar y realizar el cambio necesario para crecer en el amor. Te darás cuenta con tu cambio, como podrás transformar la humanidad misma. No se trata de predicar el cambio, sino de dar ejemplo. Da lo mejor de ti sin esperar nada a cambio. ¡EL MUNDO CAMBIARÁ, CUANDO YO CAMBIE”

La energía del universo y la Sabiduría Divina iluminen este día de fe y esperanza

Heidman Janeth Ballesteros Ruiz

Guillermo Velosa Arbeláez

Eliath Javier Pérez Ballesteros

Consultores Motivadores Organizacionales

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