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La Insorportable Frivolidad de Felipe Calderón

Hay algo en Felipe Calderón que no me inspira confianza. Cuando me mira sabiendo que tras la cámara estoy yo, un ciudadano cualquiera; cuando lo miro a él por la televisión, al Presidente de la República, intentando convencerme quién sabe de qué; a veces me parece que se burla de mí.

No soy de los que dudan del resultado de la elección de 2006. Me inclino más a creer en los argumentos de Luis Carlos Ugalde en su libro “Así lo viví” que en las fantasías de Andrés Manuel en “La mafia nos robó la Presidencia”. Me gustó pensar que nos salvamos, parafraseando a Alan Greenspan, de la llegada de un “populista incendiario” al poder, sobre todo tras el bloqueo de Reforma. Me gustó saber que Felipe Calderón estudió en la Escuela Libre de Derecho, en el ITAM, en el extranjero. Pero no me gustó escuchar que no importaba el cómo, sino el qué. No me gustó el famoso “haiga sido como haiga sido”: me supo a burla. Y un país polarizado como el que dejó el 2006 necesitaba que fueran tendidos los puentes, pero no necesitaba la burla.
 
Y desde ahí, el periplo de este hombre por los tres primeros años de su sexenio me ha parecido lamentable. ¿O cómo llamarle a la reforma fiscal? ¿O cómo llamarle a la reforma electoral? ¿Cómo llamarle al abrazo del presidente con Mario Marín? ¿Cómo llamar, por ejemplo, al nombramiento de Gerardo Ruiz Mateos, uno más de sus amigos, como Secretario de Economía? ¿Qué decir de los 48 niños muertos en la guardería en Hermosillo? ¿Cómo llamarle a la actuación oficial en Michoacán en tiempos electorales? ¿Y a la permisividad a Elba? ¿Cómo recuperar las vidas que se perdieron en los fuegos cruzados de esta guerra sin sentido contra el narcotráfico? Hay desde luego expresiones mucho menos amables que decir simplemente que son cosas "lamentables".

Sin embargo, cuando repaso eventos no tan importantes, no tan trascendentes, no tan dolorosos, me da la impresión de que, aunque la actuación de este gobierno ha sido lamentable en muchos aspectos, hay una palabra más apropiada para definirlo. En enero de 2009, al participar en Davos, Felipe Calderón dio a sus ponencias títulos de canciones de Rock: "Riders on the Storm: México Overcoming the Crisis", y "México: another brick in the wall". Fue en ese mismo foro donde manifestó su preocupación por el paso titubeante de la Selección Mexicana de futbol, y bromeó con Ernesto Zedillo sobre los papeles de gobernante y opositor, definiendo el rol del primero (el suyo propio) como “el infierno”. Cuando la influenza se fue, dijo alegremente que él y su familia habían estado encerrados en casa durante la emergencia jugando al "Monopoly" y "Serpientes y Escaleras". Recibió más tarde al actor Hugh Jackman, estrella de los X-Men, en su despacho. Con desenfado, luciendo la buena vida de la clase alta en México, lo mismo asiste al estadio para ver el triunfo de los Pumas que envía a su esposa al concierto exclusivo de Plácido Domingo en Cichén Itzá con media guardia presidencial detrás, o va de vacaciones con sus hijos a Cancún y se toma fotos con Sarkozy en Teotihuacan mientras cierra el acceso a las pirámides al resto de los mexicanos. Más recientemente, cual periodista presumiendo primicia, se dió el lujo de informarnos antes que nadie que Michael Jackson murió por una sobredosis de drogas.
 
Es así que para definir el gobierno de Calderón no usaré la palabra “lamentable”. Usaré más bien un adjetivo que parecía reservado para Vicente Fox: “frívolo”. El presidente Calderón ha resultado ser un presidente frívolo e insensible, tal vez el presidente más frívolo y de mayor insensibilidad social que hemos tenido en la historia moderna.

Pero mentiría si dijera que yo no he comentado la muerte de Michael Jackson en las charlas de café, o que no me gusta el futbol. Y por supuesto que me encanta salir de vacaciones. En el lugar del presidente, también querría parecer joven ante el público, y entiendo que los mandatarios de todos los países se dividen en dos grupos: los que gobiernan con un ojo en las encuestas, y los demás (que gobiernan con los dos ojos en las encuestas). Para mí está bien. Es simplemente que hay miles de niños en México que no saben lo que es el "Monopoly" ni han jugado "Serpientes y Escaleras". Es simplemente que hay cien miles de ciudadanos que no conocen media letra del idioma inglés, mucho menos las canciones con las que el presidente se divierte discursando en Davos. Y es simplemente que hay millones de mexicanos que darían una mejor definición que Calderón de lo que es “el infierno”. O lo que es peor, no necesitarían darla. La otra tarde, por los rumbos de Santa Mónica, a las afueras del centro comercial Mundo E en el Estado de México, una familia de 5 integrantes cruzaba la calle. El hombre cargaba un bebé, la mujer tomaba de la mano a dos niños pequeños. Traían los zapatos casi rotos y la ropa descocida. No sé porque al mirarlos supe que el padre, o era desempleado, o era subempleado y mal pagado. Y pensé que quizá es por eso que la mirada y el gesto del presidente me resultan socarrones cada vez que sale en la tele: un presidente que habla de Michael Jackson, de los Pumas y del "Monopoly" mientras el país se le deshace en las manos, no puede ser definido de otra manera. La frivolidad y Calderón son la misma persona.

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Comentarios:

  1. Escrito por tatiana
    Fecha: 2009-11-03 02:21:12

    Me parece una crítica despiadada pero muy buena e inteligente Me parece una crítica muy buena

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