Ahora que estamos a unos pocos días de la próxima general del miércoles día 29 de septiembre, me vuelven a asaltar las dudas sobre la conveniencia o no de continuar con mi ocupación laboral, habida cuenta de las molestias que los "amigos" piquetes pueden causarme.

Es una lástima que uno, una y otra vez, tenga que plantearse la pregunta sobre si la huelga es un derecho o una obligación. Y el caso es que la respuesta es una y sólo una: es un derecho. Y en ningún caso estoy obligado a secundarla o a faltar a mi puesto de trabajo si no estoy de acuerdo con ella.

Este, en verdad, es otro tema. Lo cierto es que si uno está contento en su trabajo, un buen sueldo, un buen horario y un buen ambiente... ¿Por qué quejarse? ¿Y las medidas del gobierno? Cierto, pero... ¿De verdad alguien puede pensar que un partido de izquierdas tomaría esas medidas tan impopulares a la ligera, arriesgándose al rechazo del pueblo? No, de ninguna manera, y son medidas tomadas bajo unas circunstancias muy determinadas, obligados por la situación.

La otra duda es: ¿Cómo se atreve nadie a ir a la huelga con la situación de desempleo en la que estamos actualmente en España? Parece de risa. De hecho, es de risa. Qué pueden pensar todos los parados de este país, es algo que no sé, porque tengo la suerte de tener un empleo. Y, desde luego, no pienso perderlo por una huelga que, en mi opinión, no conduce a nada; precisamente por lo dicho: aquello por lo que se protesta no es algo que se pueda cambiar por la simple voluntad, sino que viene impuesto por las circunstancias.

Por lo que respecta a mí personalmente, sólo espero que ese día me dejen trabajar tranquilo, que es a lo que aspiro. En estos tiempos de crisis, bastante es con eso.

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