La gratitud señala la idea del bien y mantiene un vivo sentimiento de cariño. Cuando reconocemos estamos recordando el beneficio y cuando agradecemos estamos recordando al benefactor.

Así, la gratitud es una emoción, un sentimiento por el cual estimamos un bien o atención recibidos. El agradecimiento es la manifestación o demostración de este sentimiento y, el reconocimiento es la valoración de una cosa, de un hecho o de una persona.

El reconocimiento nos conduce al amor, el amor nos conduce a la gratitud y la gratitud nos eleva a Dios. Permanentemente estamos recibiendo amor del Universo y debemos asumir cada día como un regalo maravilloso que el dinero no puede comprar.

Muchas veces decimos mecánicamente “gracias” a otras personas por algún favor recibido, pero dista mucho de ser una actitud que nace del corazón. Ahora me voy a centrar en la gratitud a Dios, a la Divinidad, al Universo, a la Vida o al Poder Supremo, como quieran llamarle.

El saber agradecer es una virtud en la que pocas veces se piensa; solemos apreciar lo “bueno” pero… olvidamos expresar gratitud. Para mantener nuestro equilibrio mental y disfrutar la vida, necesitamos gratitud.

Es relativamente fácil sentir gratitud cuando nuestra vida está bien, pero no es sencillo estar agradecido cuándo nos sentimos inconformes, pesimistas, envidiosos, depresivos, enfermos, frustrados, …, y tantas otras cosas más que desaprobamos.

Es lamentable, pero la mayoría tendemos a mirar lo que no funciona, lo que falta o lo que es negativo en nuestras vidas.

La gratitud no debe sentirse y expresarse cuando las cosas resultan mejor de lo que esperaba, cuando tengo solo cosas materiales. La abundancia de bienes materiales no garantiza la felicidad. Lo bueno, es que el sentimiento de gratitud es algo que podemos aprender y hacer crecer.

La gratitud es estar en sintonía con la vida, es ver lo positivo en las cosas maravillosas pero también en las difíciles aunque no entendamos su razón de ser. Es ver el mundo de la mejor manera con bondad, paciencia y perdón, es disfrutar cada momento y compartir con nuestros semejantes, es valorar a todo cuanto nos rodea y a nosotros mismos.

La manera de recuperar el estado natural de bienestar y felicidad, del cual todos somos merecedores, es sentirnos agradecidos por la vida misma. El saber agradecer es una virtud en la que pocas veces se piensa.

Reflexione en cómo la actitud de protesta y queja suele atraer cosas, personas o eventos negativos a nuestras vida. Cuando criticamos o renegamos, no estamos siendo agradecidos.

Al estar sumergidos en enfermedades, deudas o conflictos no podemos darnos cuenta de lo importante que es agradecer a la vida por eso que nos está ocurriendo; ya que “eso” es una señal de alerta para que nos detengamos y cambiemos, para solucionar nuestro conflicto interior que se está manifestando de esa forma. Cuando sentimos el dolor en nuestras vidas es para indicarnos que nos hemos alejado de ese equilibrio.

El simple hecho de reconocer el dolor y agradecer por la enseñanza o experiencia que nos deja, nos facilitará el proceso de salir de esa condición no deseada. La actitud mas sana que podemos asumir es aceptar y comprender que lo que nos ocurre es producido desde nuestro nivel de consciencia, pero que podemos siempre cambiar y mejorar.

Nuestra actitud se refleja en nuestros pensamientos e intenciones, nos conduce hacia una visión más positiva de nuestras posibilidades, nos pone en contacto con nuestras fortalezas y nos llena de energía, nos "abre puertas" que normalmente no podríamos valorar y nos enfoca en lo que realmente es importante.

Si deseamos salud, amor, bienestar, paz y abundancia en nuestra vida entonces agradezcamos con amor y fe y así el Universo se manifestará en todo lo que necesitamos para vivir en plenitud como lo merecemos. La vida es un regalo maravilloso y la gratitud funciona como un imán para recibirla en abundancia.

Cuando somos consientes de todas las bendiciones y regalos que recibimos cada momento, la gratitud se vuelve un hábito diario.

«Dad gracias al Señor, porque es bueno,

porque es eterna su misericordia»

 

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