LA GRACIA DE DIOS

Se cuenta que una pobre mujer que se hallaba en grandes dificultades económicas tuvo la visita de un hombre benévolo que quería ayudarla. Él llamó a la puerta, pero como no tuvo respuesta, concluyó que la mujer estaba ausente y se fue. Poco más tarde, al encontrarla, le habló del porqué de su visita. –¡Oh!, dijo ella, ¿Era usted, señor? ¡Cómo lo lamento! Creí que era el propietario que venía a cobrarme el alquiler, y como no tenía la suma necesaria, ¡Tuve miedo de abrir la puerta!

Hoy en día, millares de hombres y mujeres obran para con Dios como esta mujer para con aquel que quería ser su benefactor. Piensan que cuando él llama a la puerta de su corazón, viene para exigir algo. ¡Qué error! Al contrario, él viene para dar y no para reclamar el pago de su deuda. Viene para liberarle de su desamparo y darle una herencia eterna. “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45).

A menudo Jesús ha llamado a su puerta con amor. Espera desde hace mucho. ¡Oh!, ¿A qué amigo trataría usted así??“

Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16).

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