Cuando le concedieron el premio Joan Miró, en marzo del año pasado, Pipilotti Rist lo dedicó «a todas las personas que cuidan de los demás de forma desinteresada». Hoy, un año y cuatro meses después, la videoartista suiza inaugura en la Fundació Miró Partido amistoso -sentimientos electrónicos, una muestra que reúne diez instalaciones de vídeo cuyo visionado provoca en el espectador estresado, preocupado, deprimido o malhumorado un inmediato efecto curativo. Otras tres piezas de la creadora se exhiben desde mañana en el Centre Cultural Caixa Girona - Fontana d"Or.

 

 

 

En manos de Pipilotti Rist, el arte contemporáneo deja de sentirse como una bofetada para convertirse en caricia. En palabras de Martina Millà, jefa de proyectos de la Fundació Miró, «Rist nos permite redescubrir el potencial del arte contemporáneo y reconciliarnos con él».

 

La pieza más antigua de la exposición, Sorbe mi océano (1996), es una de las más conocidas. Sentado en mullidos cojines, el espectador se deja envolver por las imágenes que se proyectan sobre dos paredes en ángulo, un mundo subacuático encarado que refleja el universo de la pareja al ritmo del éxito de Chris Isaak I wanna fall in love. Canta la propia Pipilotti que, antes de hacer vídeos, formó parte de una banda.

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