Publicado en Información de Alicante, el Periódico de Cataluña y en Estrella Digital 31/03/2010

Tengo la terrible curiosidad de saber si Jaume Matas va a pagar la suculenta fianza impuesta por el juez y así poder pasar la semana santa con su familia. Que aproveche la oportunidad, que igual el año que viene, y sucesivos, se come la mona entre muros con alambradas. No pretendo hacer leña de un árbol caído, aunque este tronco se merezca ser astillado y quemado en barbacoas múltiples. Lo que me intriga es cómo de un sueldo, por muy potente que sea, se pueden ahorrar  tres millones. Si lo consigue sacar de sus ingresos legales, a éste hombre habría que canonizarle, pues lo de los panes y los peces sería un sainete de aficionados al lado de este portentoso milagro.

¿Qué otras opciones le quedan? Puede pedirlo prestado a su madre, que tiene un  pisito pagado con lo que le sobra de la pensión. Descartado el cuñado, que tiene sus propias vergüenzas para proteger, algún testaferro amigo podría devolverle los favorcillos. O bien su mujer vender las baratijas adquiridas con los picos de las compras, que los Rolex se cotizan muy bien. El mercado inmobiliario no está muy allá, pero unos cuartos le darían por el modesto palacete, o la casa de Madrid (¡Ah! ¿Qué ésta no es suya? Vaya por Dios). Otra alternativa no desdeñable, es solicitarlo con pronto pago al ilustre caballero Luis Roldán. Éste noble defensor de la justicia guarda a buen seguro unos kilitos en bolsas no degradables del Carrefour y, como no sabe que hacer con ellos (con la pensión que le pasamos todos le basta), se solidarizaría con un igual. Porque iguales son y lo mismo representan ambos políticos; una clase de aprovechados sujetos que sucumben ante el dinero fácil y ajeno, que prostituyen sus principios si el bocado lo merece y que cubren de basura la democracia que tanto nos cuesta defender. Solo hay un sitio para ellos; encerrados, aislados de una sociedad a la que han insultado y despreciado. Uno ya está fuera, y el otro, en palabras de su exjefe, tiene que demostrar su inocencia. Yo creía que esto funcionaba de otra manera, que era el fiscal el que debía probar la culpabilidad. Pero me parece que ya está condenado…

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