Sin entrar en consideraciones técnicas, me limitaré a decir que la explicación fenomenológica en psicología se centra sobre las vivencias de una persona tal como ésta las experimenta.

Así, comprender el mundo de alguien supone imaginar sus deseos, creencias, sensaciones y sentimientos. El término empatía alude precisamente a esa virtual captación de la vivencia del otro. En su imposible límite la empatía desembocaría en el viaje mental al interior de la mente de la otra persona, cuestión no exenta de una serie de paradojas de difícil tratamiento.

En contraposición, la explicación psicoanalítica se enfoca menos en lo que el sujeto vive en su experiencia directa, para centrarse en aquello que lo determina aún inadvertidamente.

La cuestión acerca de las convergencias o divergencias entre ambos modos de explicar la mente humana resulta un terreno intrincado y problemático, demasiado y propenso a la especulación. En consonancia, especular sobre esas inconmensurabilidades queda fuera del alcance del presente análisis.

No obstante, al menos resulta necesario invocar una de las paradojas más básicas que surge al contraponer las explicaciones fenomenológicas y psicoanalíticas. Me refiero a la aparente subversión entre la certeza fenoménica y la teórica. Así, desde la explicación fenomenológica lo cierto es lo que la persona vive, mientras que las explicaciones que invocan estructuras y mecanismos resultan conjeturales. En cambio, para la explicación psicoanalítica, la certeza fenomenológica puede asumir el estatus de un error a la vez explicable desde una “verdad” cuya evidencia –en primera instancia– deriva un saber teorético.

Par decirlo de modo más sencillo: mientras que la explicación fenomenológica nos invita a creer en aquello que se nos revela como evidente y a desconfiar de las conjeturas, la explicación psicoanalítica propone lo contrario.

Provisoriamente sólo quisiera concluir con una tesis, por cierto polémica, que habrá que demostrar en otro espacio: descreer de lo evidente en aras de una fe en lo incierto puede resultar una de las formas más extremas de violencia psicológica a la que, a veces, puede someternos una explicación psicoanalítica.

Por supuesto, se trata de una tesis fácil enunciación y difícil demostración. Pero habrá que intentarlo.

 

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