• La eterna alimaña

Como no recordar a Don Zacarías Cuchimba de la Ossa, el Señor Chuchis como le decían familiarmente los compañeros de trabajo del Ministerio. Aquel menudo y enfermizo individuo ya pensionado que algunos días veíamos acercarse al parque apoyándose fatigado en su bastón. Con su estado de salud mermado por las secuelas que le dejara dos años atrás un fallido intento de suicidio, al descubrirse el fenomenal desfalco del Fondo de Empleados del que fuera su Director y principal sospechoso de aquel escándalo.

En soleadas mañanas buscaba alguna de las ordinarias bancas del lugar, para recostar plácidamente su doliente humanidad, quedando por horas allí tan estático como el busto de mármol blanco que le hacia sombra y que aun adorna aquel sitio. Monumento desfigurado por vándalos, erigido en memoria de Daniel O´leary, prócer de la independencia, edecán del libertador militar de origen Irlandés. Muñón de estatua que en tal estado permanecerá por muchas administraciones distritales, sin importar la afiliación política.

Como íbamos a pensar, aquellos ingenuos adolecentes de aquel tiempo, que esa figurilla tan menuda, viejito de apariencia frágil y enclenque, había sido la misma personalización de la perversidad. Por años fue el azote y la frustración de mucha gente, que después de trabajar y completar los tiempos laborales establecidos por el Estado, buscaban ilusionados el reconocimiento y la estabilidad de una modesta pero merecida pensión, que supuestamente la República les otorgaba. Pero aquel oscuro individuo se encargo de impedir formalizar tal derecho de forma mezquina y premeditada. Esbirro amparado y protegido del sistema montado, que conociendo su oficio represivo, se movía con libertad en la ilegalidad, valiéndose de los diversos grados de corrupción del Establecimiento y su desgreño administrativo.

Artífice como abogado mañoso de ingentes triquiñuelas y clásicas leguleyadas que generalmente caracterizan a quienes erroneamente ejercen tan deplorable ocupación. Experto en manipular, cambiar o adulterar documentos de los usuarios alterando fechas, valores o montos de los comprobantes de cotización de aquellos infelices asalariados. Refundir expedientes, desaparecer pruebas, fueron los gajes normales de su quehacer marrullero. Proverbial las sentencias de aquel bicho, que con sus injustas decisiones indujo a más de uno a la ruina o al suicidio. Todo aquello que produjera dolor humano le causaba un placer cercano al orgasmo y en más de una ocasión de sus cuarenta y tantos años de arbitrariedad y sadismo no pudo contener tal disfunción. Quizás por eso amaba intensamente, más que a su misma mujer, Doña Zoila Guacaneme de Cuchimba tan promiscua como reconocida agiotista; la burocracia su pasión y lo que de ella obtenía, goce y dinero.

Amanecía ó anochecía y el burgués aplastado como estampilla sobre su vetusto escritorio, entregado de cuerpo y alma en destrozar y aniquilar congéneres. Paradójico su persistencia laboral sirvió y se interpretó por sus superiores como síntoma de eficiencia y solicita colaboración al régimen. Igual su abyecta y paranoica servidumbre, como eficaz y diligente profesionalismo.

Sus subalternos, pichones clonados a imagen y semejanza, no les sorprendía que el señor Chuchis permaneciera en aquellas inadecuadas y mal sanas instalaciones hasta el doble de tiempo de la jornada normal de trabajo. Generalmente almorzaba sin salir de su chocante oficina, doble porción de cuchuco de trigo con espinazo de marrano, su plato favorito. Ingerido y digerido sobre los arrumes de expedientes y documentos que cubrían el grasoso y desordenado cubículo. Oscuro lugar que le permitía el tiempo y la confianza suficiente para dedicarse a su antojo en hurgar con el palillo, en sorber o soplar hasta la asfixia los huesos del animal consumido, eficaz procedimiento para la extracción del sustancioso tuétano que tanto le gustaba, dejándolos al final tan relamidos en el fondo del recipiente limpios como contrahechas figuras de reluciente marfil.

El máximo esparcimiento lo centraba en la reunión anual, que promovía en su amplia y extravagante vivienda. Programaba con esmero y dedicación para la época navideña tal celebración de fiesta y parranda. Acompañado de su íntimo y selecto grupo de subalternos uno que otro jefe de división y personal del sindicato que cerraban la corrupta camarilla. Festejaban en grande teniendo como motivo central del evento, con estadística en mano en el año que concluía, el número de pensiones negadas o rechazadas por el Instituto de Seguridad Social. Ese era el grandioso motivo de regocijo. Cifras que siempre superaban los periodos anuales anteriores. Alborozo producía a los asistentes, contabilizar y sumar la lista del número de pensionados fallecidos en igual periodo de tiempo. Personas que ya no cobrarían más su mesada, lo que significaba de alguna manera y ellos sabían cual era el fraude que les permitiría ingresos adicionales a sus atiborrados bolsillos.

Circunstancia que también le era favorable al Estado, al liberar en parte la absurda carga prestacional de reformas sociales, cada vez más comprometedoras en las cuales lo habían embarcado ilusas administraciones anteriores de soñadores y lunáticos y de donde esperaba zafarse como era la manifiesta intensión de las nuevas disposiciones del pernicioso Congreso y de clientelistas dirigentes del Gobierno.

Ebrios en el éxtasis del aquelarre, Don Zacarías, Doña Zoila y sus secuaces formando un gran círculo, hombres y mujeres tomados de las manos giraban bailando velozmente en un sentido, lanzando los pies adelante, cantando frenéticamente himnos de venganza y odio contra los trabajadores y sus logros laborales, hasta caer extenuados y delirantes, ahítos de placer.

El abogado Cuchimba de la Ossa, permaneció en el Instituto de Seguridad Social, lo que duran los miserables, ¡una eternidad!. Tiempo suficientemente perdurable para salir ultra millonario, contrastando esta posición con su remoto, humilde y anónimo ingreso que nadie recordaba. No existiendo registro alguno en la reprobable entidad que ratificara su cargo y salario inicial. Completo según sus cálculos 680.3666 meses, equivalentes de acuerdo a las formulas irracionales como interpretan el incuestionable calendario Gregoriano contraviniendo lo mundialmente aceptado estos especímenes burócratas a no se cuantas centenas de semanas, miles de días que en definitiva a nadie le importaba, solo a este canalla para establecer su fabulosa autoliquidación de aportes y donde nadie de la Entidad se atrevió en cuestionar o poner en duda sus atrevidos cálculos, resultando su permanencia laboral en el Ministerio más antigua que la propia institución. ¡Vea pues!

Solo sus enemigos y victimas señalaban susurrando muy en voz baja su remoto e insignificante vinculación y el continuo y persistente ascenso. Desde cuando se iniciara como bombero nocturno en la estación de servicio de Puente Aranda, negocio que el gobierno tenía montado para suministrar la permanente demanda de combustible del voluminoso parque automotor de esa frondosa burocracia Estatal. Allí inició su fortuna y poder, vendiendo más barato como es lógico gasolina de contrabando con ayuda de respetables miembros del sindicato del cual muy pronto hizo parte activa. Después vino la arbitraria especulación con material y equipos quirúrgicos, reventa de drogas y medicamentos, comercio ilicito de organos humanos, amaño de licitaciones públicas, comisiones bancarias y mil picardías más, hasta llegar a su último y final lucrativo trabajo, el acomodado estudio, aprobación con chantaje incorporando o rechazo de pensiones.

Sorprende su trayectoria, como la de otros tantos que iniciaron un camino largo de ascenso social, en especial en las empresas del gobierno, plagado de hipocresía y traiciones, que hábilmente manejaron con la astucia y la falta de escrúpulos éticos tan necesarios para el éxito de los camaleones humanos.

Descanse Don Zacarías, príncipe de la ignominia y crueldad, modelo del descastado, engendro de la naturaleza. La histórica hora por fin te ha llegado. Descanse Don Zacarías que la humanidad no descansa porque ya le vendrán otro Zacarías a deshonrarla.

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: