La Epilepsia es tan vieja como la misma raza humana. Las pinturas prehistóricas dentro de las cuevas de la Edad de Piedra nos muestran que ya en esa época los primitivos conocían de esta condición médica, al mismo tiempo que trataban de curarla. Escritos que datan de más de 4000 años atrás nos hablan de la Epilepsis. Cerca del año 2000 antes de Cristo, en el territorio que se conoce ahora como Iraq, se encontró un texto médico en una tabla de piedra que describía a una persona sufriendo un ataque epiléptico. Describía que el cuello de la persona se tornaba hacia la izquierda, sus manos y piernas se contraían, y los ojos se abrían de forma anormal. Saliva espumosa salía de su boca, y llegaba a perder el conoci­miento.

Personas padeciendo de ataques epilépticos se han descrito en textos del Antiguo Egipto. Babilonia y Persia. En realidad, esta condición puede haber existido antes de la creación de los humanos, ya que los animales también padecen de ataques epilépticos. La forma en que los seres humanos han explicado la Epilepsia ha variado a través de la historia. En la Antigüedad se creía que esta condición provenía o era provocada por los Dioses o Demonios. Debido a que la Epilepsia presenta sín­tomas tanto físicos como de conducta, se pensaba en aquella época que los que la padecían estaban bajo la influencia de fuerzas sobrenaturales.

Los antiguos Griegos creían que estas personas que la padecían se comu­nicaban con los dioses. La llamaron "la enfermedad sagrada". Pero no todos los griegos pensaban que esto era cierto. Después de todo, allí fue donde comenzó la llamada Ciencia. Un antiguo Griego llamado Hipócra­tes, el cual es llamado el Padre de la Medicina, escribió un libro llamado "Sobre la Sagrada enfermedad", cerca del año 400 antes de Cristo. En este postulaba que la epilepsia no era causada por los dioses, sino por un problema en el cerebro. El recomendó que se debía tratar con una dieta y medicamentos o drogas. Es increíble que en esa época ya este gran hombre se imaginara que el problema radicaba en el cerebro.

 Los años oscuros

Durante la Edad Media en Europa, se pensó que esta condición era provocada por demonios o el diablo. Por ejemplo, un libro de texto publicado en 1494, se decía que la epilepsia era una forma de poder identificar a una bruja. Más de 200.000 mujeres fueron torturadas y asesinadas, siguiendo las instrucciones de este libro llamado "Malleus Maleficarum". Además se pensaba que era contagiosa, y muchos que la padecían fueron encerrados en hospitales pareci­dos a prisiones de forma errónea por padecer de epilepsia. Una cura en esa época era el de viajar a la casa de San Valentino, el cual fue enterrado en Ale­mania.

Se pensaba que este santo en par­ticular curaba la epilepsia. También esta condición era conocida en estos años como la "enfermedad de la caída", ya que muchos que la padecían caían al suelo perdiendo el conocimiento. Otras curas incluían el comer cerebros tritura­dos, el quemarle el cráneo a la persona con un hierro caliente, y además perfora­ban un hueco en el cráneo para así dejar salir la materia que les causaba el mal. Los doctores de esta época conocían que el problema radicaba en la cabeza o cere­bro, pero no sabían cual era la causa y cómo tratarla.

El punto de vista moderno

Elizabeth Jackson nació en Inglaterra en la mitad de los años 1800. Ella nació con una condición que causaba que los vasos sanguíneos que transportaban la sangre a su cerebro se contrajeran, y por lo tanto su cerebro no recibía la adecuada cantidad de sangre, lo cual le provocaba ataques epilépticos. Aunque no le provocaba el desmayo, ella experimentaba, por unos minutos, un estado como de estar fuera de la realidad, una especie de estar dur­miendo despierta. En estos años la epilepsia era una condición no bien entendida. Las personas que la padecían eran enviados a asilos médicos. Afortunadamente para la señora Jackson, su esposo que era un doctor era uno de los pocos que entendió de que se trataba la epilepsia en aquella época.

Su esposo era John Hughlings Jackson. Este magnífico doctor dedicó cuarenta y cuatro años de su vida a traba­jar en el Hospital Nacional para la Cura y Mejora de los Paralíticos y Epilépticos (National Hospital for the Rclicf and Cure of the Paralyzed and Epileptic) de Londres, Inglaterra. El Doctor Jackson estudió los cerebros de los pacientes que morían, a través de la autopsia y des­cubrió que todos ellos tenían algo en común, que presentaban cicatrices en sus cerebros. Al mismo tiempo existían otros cien­tíficos que estaban estudiando esta condición médica, de cómo el cerebro enviaba señales al cuerpo a través de los nervios. Los científicos alemanes Gustav Fritsch y Edwar Hitzig encontraron a través de experimentos que las señales del cerebro parecían ser eléctricas. Ellos incluso hicieron mover las piernas de un perro, enviándoles débiles señales eléc­tricas a la parte anterior de su cerebro.

Entonces el doctor Jackson asoció que las células dañadas por las cicatrices en el cerebro podían no trabajar o enviar las señales eléctricas correctamente. El escribió una famosa definición moderna de lo que eran los ataques epilépticos como; " una repentina u ocasional, masi­va, rápida y local descarga de la materia gris". La materia gris es el tejido cerebral formado de neuronas o células del cere­bro. Aunque tomó muchos años en corre­girse la teoría del doctor Jackson, de como era provocada la epilepsia, ya que después se descubrió que el problema era electroquímico.

El primer medicamento en su contra

El primer medicamento fue llamado el bromuro potásico o bromuro de potasio y fue descubierto en 1857 por el doctor inglés Sir Charles Locock. Este medica­mento era una mezcla química. Era una droga bastante fuerte, la cual provocaba numerosos efectos secundarios que daña­ban la salud de la persona en general. Pero se debe decir a favor que fue el primer medicamento que ayudó a muchas personas a controlar los ataques epilépticos en esta época. Un ejemplo en esta época fue el famoso pintor Vincent Van Gogh. El cual cuando tenía 35 años de edad se descubrió que padecía de ataques epilépticos, pero de un tipo dife­rente al común, y al cual le fue dado el bromuro potásico.

La Epilepsia en el Siglo XX

En 1912, un doctor alemán comenzó a tratar a sus pacientes de epilepsia con un medicamento llamado phenobarbital. El cual fue un punto importante en el tra­tamiento de la epilepsia. El phenobarbi­tal trabajaba mejor que el bromuro de potasio y sin provocar los terribles efec­tos secundarios de este último. Otro paso importante en el enten­dimiento de esta condición vino en 1930 con la invención de una máquina llama­da electroencefalograma (EEG) por Hans Berger. Esta lee y dibuja las ondas cere­brales, las señales eléctricas del cerebro. Debido a que los ataques epilépticos son provocados por el mal funcionamiento de los impulsos electroquímicos del ce­rebro, los EEG de los afectados se muestran diferentes al de una persona normal, que no padece de epilepsia.

Esto repre­sentó un gran paso de avance en esta época ya que los doctores poseían un instrumento para diagnosticar la epilep­sia. Después con los años, se han inven­tado nuevas y más sofisticadas máquinas para estudiar el cerebro humano debida­mente. Así como también nuevos y mejores medicamentos se han creado para controlar los ataques. Entre 1912 y 1974, se introdujeron en el mercado 18 diferentes medicamentos para el tratamiento de la epilepsia. En la actuali­dad existen una gran variedad de ellos para tratar diferentes tipos de epilepsia. Muchos causan efectos secundarios y todos no funcionan para todas las per­sonas. Pero se debe decir que más de dos terceras partes de los que sufren epilep­sia, la controlan a través de medicamen­tos. Operaciones quirúrgicas se han reali­zado en pacientes con ataques epilépticos desde hace miles de años. Desde la época de la Edad de Piedra los "doctores" per­foraban huecos en el cráneo de los que la padecían.

La cirugía moderna en contra de la epilepsia comenzó en 1930 con un ciru­jano llamado Wilder Penfield, el cual vivía en Montreal, Canadá. Este realiza­ba operaciones quirúrgicas para remover tumores cerebrales antes de desarrollar las que eran en contra de la epilepsia. Uno de sus primeros pacientes fue su misma hermana. Fue uno de los pioneros de la llamada Lobectomia, la cual es una operación en la que se remueve el área afectada en el cerebro, donde se encuen­tran las cicatrices. Esta es solamente recomendada cuando los medicamentos no trabajan en la persona, ya que esta operación es bastante delicada, con muchos riesgos de perder la memoria, convertirse en un paralítico o no ser capaz de hablar. Aunque se debe decir que las lobectomías han brindado a muchas personas el estar libre de ataques epilépticos.

El cerebro es un órgano muy compli­cado. Todavía guarda muchos secretos y misterios, que solamente nuestro Creador conoce.

 ¿Qué es la Epilepsia?

Las personas que sufren de epilepsia padecen de convulsiones, ataques epilép­ticos causado por una repentina anormal función del cerebro. A pesar de que algu­nas personas que la padecen presentan problemas de personalidad o son retarda­dos mentales, la mayoría de los pacientes desarrollan vidas normales si sus ataques son controlados a través de la medi­cación o a través de una operación qui­rúrgica. La Epilepsia es un síntoma de diferentes enfermedades, no es una enfermedad en sí.

¿Qué puede ayudar?

Una dieta ketogénica: Una dieta alta en grasa y con muy poco consumo de azúcares y almidón ha sido usada en el tratamiento de la epilepsia en niños que no responden a los medicamentos (la li­teratura médica reporta que el uso de una dieta compuesta de 4 gramos de grasa a 1 gramo de proteína y una combinación de carbohidratos). Debido a la ausencia del azúcar y el almidón, el cuerpo puede quemar la grasa, utilizándola como fuente de combustible, produciendo los productos de desecho llamados ketones. Ketogénica significa el producir ketones. De la forma en que los ketones trabajan para suprimir los ataques de impulsos eléctricos anormales es un misterio. Se conoce que estos químicos tienen la tendencia de suprimir el apetito a través de cambios químicos en el área de nuestro cerebro que es dedicada a ello, por lo que a través de estos cambios químicos puede ser que los ketones controlen y reduzcan la tendencia de que se produzca el "cortocircuito" en sus cerebros.

El problema de este tipo de dieta radica en que contiene muy poca proteína para poder ayudar al crecimiento y demasiada grasa, la cual puede dañar la salud a largo plazo. Comience con un ayuno de 24 horas, lo que durante este período usted no debe consumir nada, excepto agua. Entonces después por un período de 5 a 7 días coma solamente carne sin grasa, pollo, pescado, huevos, lo que es suficiente para proveer la mitad de un gramo de proteína por cada libra de masa corporal. Beba de 12 a 16 onzas de asua, té o café descafeinado cada vez que coma. La recomendación sería que conduzca esta dieta bajo la estricta supervisión de su médico.

Acido Fólico: Es muy importante para las personas que padecen de ataques epilépticos. El ácido fólico que se encuentra en el cerebro disminuye después de un ataque epiléptico, convul­siones, etc. Además los medicamentos anticonvulsivos reducen los niveles de ácido fólico en la sangre, y la falta de esta vitamina contribuye al incremento en la frecuencia de los ataques epilépti­cos. Al mismo tiempo se ha comprobado a través de varios estudios que su suplementación reduce el número de ataques. Otros estudios han mostrado que el uso de una solución de ácido fólico en forma de antiséptico para la boca o desinfec­tante bucal reduce el crecimiento de las encías, una condición médica llamada hiperplasia gingival, la cual ocurre comúnmente en los niños que toman el medicamento Dilantin (Phenytoin) para controlar sus ataques.

Su recomendación sería: si es adulto se debe consumir 5 mgs de ácido fólico al día. Los niños entre 5 y 15 años de edad deben tomar 2.5 mgs al día. La solución de ácido fólico para la boca, preparada por su farmacéutico, debe contener 1 mg de ácido fólico por cada cucharadita de solución, preparada en una base acuosa. Los niños deben enjuagarse la boca con 1 ó 2 cucharaditas de la solución por dos minutos antes de dormir diariamente para inhibir el crecimiento de las encías que causa el Dilantin. Se debe ser cuidadoso con la suplementación del ácido fólico ya que puede resultar en una reducción en la sangre de los niveles de medicamentos anticonvul­sivos, especialmente el phenobarbital, además aumenta la frecuencia de los ataques en algunas personas, y se reducen los niveles de la vitamina B12 en las personas que consumen medica­mentos anticonvulsivos.

No tome ninguna suplementación de ácido fólico sin el conocimiento y aprobación de su médico personal, ya que es él el que debe ajustar las dosis de sus medicamentos antiepilépticos junto con el consumo del ácido fólico. Además debe chequear sus niveles de la vitamina B12 en su sangre.

El niacin: puede incrementar la efectividad de los medicamentos antiepilépticos. En algunas ocasiones los afectados deben consumir grandes canti­dades de medicamentos, los cuales les causan algunos efectos secundarios. El suplemento de niacin les permite contro­lar los ataques con un consumo mínimo de medicamentos. Su recomendación sería 500 mg de niacin por día. Puede incrementar estas dosis a dos o tres veces al día en el caso de que no desarrolle ningún efecto secundario debido al alto consumo de niacin hasta 1 gramo tres veces al día. Durante este tiempo usted debería consultar a su médico para comenzar una lenta reducción en el con­sumo de los medicamentos antiepilépti­cos. No trate de alterar la dosis personal­mente, sin consultar previamente a su médico.

-Los niveles de thiamina, así como los del ácido fólico se reducen en per­sonas que padecen de epilepsia. Esto es debido al consumo de los medicamentos anticonvulsivos. Algunas investigaciones médicas sugieren que los bajos niveles de thiamina pueden provocar ataques epilépticos. Su recomendación sería comenzar con una dosis de 50 a 100 mgs al día.

-Desde hace ya un tiempo se conoce que la deficiencia de la vitamina B6 (piridoxina) causa ataques epilépticos. En los años 1950 hubo una epidemia de bebés con convulsiones y se descubrió que era debido a la deficiencia de la vita­mina B6 en la leche artificial que se le estaba dando, al brindarles suplementos los ataques desaparecieron. El consumo de los medicamentos anticonvulsivos reduce sus niveles. Su recomendación sería el tomar 100 mg de piridoxina por día por un período de 2 a 4 semanas. Se puede incrementar luego a 150 mg, y finalmente a 200 mg en semanas alternadas, en el caso de no experimentar ningún efecto secundario al tomar 100 mg. Los efectos secundarios pueden ser: calambre en las manos, adormecimiento en las piernas, manos, dedos, brazos.

- La suplementación de la vitamina E reduce significativamente la frecuencia de los ataques epilépticos tanto en los niños como en los adultos. Los medica­mentos anticonvulsivos provocan una reducción en sus niveles, y por lo tanto contribuye a su deficiencia.

Su recomendación sería: para los niños de más de 5 años deben tomar la vitamina E en su forma d-alpha-toco-pherol succinate: comenzando con una dosis de 100 IU. Debe mantenerse a esta dosis por una semana o dos. Además se debe chequear la presión sanguínea para estar seguro que no ha aumentado, ya que en ocasiones la vitamina E eleva la presión sanguínea. Si su presión prome­dio se mantiene en 140/90, puede au­mentar la dosis de la vitamina  E a 200 IU por una semana, y cheque la presión de nuevo. Finalmente, la puede incrementar a 400 IU y mantenerse así. En casos de niños que no puedan consumir pastillas o cápsulas existe la vitamina E en forma líquida, 11 gotas les proveerá 240 IU.

- La deficiencia de magnesio puede incrementar la tendencia a los ataques epilépticos. Incluso con un consumo nor­mal de magnesio, deficiencias transito­rias ocurren debido a una fiebre, una extensa exposición al calor, después de un prolongado período de hacer ejerci­cios vigorosos. Su recomendación sería: una suplementación diaria de 500 mg del tipo aspartate reducirá la frecuencia de los ataques, especialmente cuando usted se enferma, tiene fiebre, o está expuesto a altas temperaturas, o después de prac­ticar ejercicios. 

- Taurine es un aminoácido que inhibe la anormal actividad eléctrica en los tejidos del cerebro. Se ha comproba­do que en las áreas del cerebro que provocan el comienzo de los ataques, existe una reducción de los aminoácidos. El suplemento de taurine reduce la fre­cuencia de los ataques y le permite reducir el consumo de los medicamentos. Su recomendación sería 250 mg por día. Después de dos semanas puede incremen­tar la dosis a 500 mg, luego a 750 mg. y finalmente a 1000 mg manteniéndose por dos semanas. Debe no consumirla cuan­do usted vea que sus ataques han dis­minuido. No consuma más de 1000 mg. Debe consultar a su médico si usted va a consumirla.

¿Qué lo puede empeorar?

- Sensibilidad a ciertos alimentos puede provocar ataques en algunas personas, de forma particular a personas con historia de alergias alimenticias y si estos problemas existen en su familia. Nuestra recomendación sería el ir a un especial­ista para ver su problema de alergias a algunos alimentos.

- Los ácidos omega-6 son un tipo particular de grasa esencial que se puede encontrar en Evening primrose oil, y estos pueden provocar más ataques.

- Aspartame, el cual es el endulzador que no contiene azúcar que se le añade a las bebidas de dieta, pudines, gelatinas, yogurt, etc puede incrementar la frecuencia en los ataques. Debido a que aspartame es una pro­teína, puede promover reacciones alérgi­cas en personas que son sensitivas, y una de las reacciones puede ser una anormal actividad eléctrica en el cerebro. La recomendación sería si usted sufre de epilepsia y ha experimentado un aumento en la frecuencia de los ataques, debería eliminar el aspartame de su dieta.

 

 

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