Nacer en una convulsionada época y ser recibido con salva de morteros, no propiamente para celebrar el advenimiento de un nuevo habitante, fue la impronta personal y de muchos que logramos sobrevivir a esa nefasta época de mediados del siglo XX.

Aleluya, aleluya seria la expresión de sorpresa por haber superado los 60 febreros y para agradecer, encontrarme con Amado y recitar sus versos:

“Yo te bendigo, vida

Porque nunca me diste.

Ni esperanza fallida

Ni trabajo injusto

Ni pena inmerecida.

¡Ame, fui amado¡

El sol acaricio mi faz ¡

¡Vida, nada me debes

Vida, estamos en paz ¡

Después del deleite vivencial, viene el remordimiento circunstancial y afloran penas y alegrías.

Yo en mi infancia, jugaba con soldaditos de plomo; libré con ellos muchísimas batallas.

Ninguno está hoy conmigo; de trasteo en trasteo me fui quedando solo, Hoy no encuentro ni uno.

Yo en mi infancia jugaba con mis hermanos, éramos ocho pero solo participábamos seis ,siempre había uno recién nacido y la diferencia no superaban los dos años; hacíamos guerras de agua, de almohadas, de papa, de piedras y hasta sangre brotó en esos juegos inocentes; pero solo una nos disperso; la de verdad, verdad, aquella que acabó con nuestro juegos y nos dejo huérfanos, esa en la que fuimos juguete del las elites gobernantes que azuzadas por los trinos de curitas que usaban el pulpito para decir que el liberalismo era pecado, que el comunismo destruía el país y que matar cachiporros era la consigna de nuestro Dios estas pasiones de dirigentes, laicos y religiosos, nos vistieron de de rojo o de azul y bajo la consigna Laureanista llevaron a la confrontación y siniestra doctrina de “a sangre y fuego ”. Dando como resultado la Colombia de hoy un circo romano con todos sus componentes de ordalías , fieras y dicotomía social; de un lado unos muy orondos, viviendo holgadamente del enriquecimiento ilícito; otros sencilla y plácidamente viviendo de los frutos del trabajo honrado y una gran mayoría pauperizada, desarraigada, desplazada teniendo el hambre como amenaza permanente, a la enfermedad haciendo compañía como un miembro mas de la familia y oprimidos y vulnerados por el terrorismo y el poder del dinero. el arte picassiano en Guernica y la pluma de Dante han quedado cortas en la expresión de esta cruda realidad.

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