Por mucho que se analice la medida adoptada por el Gobierno de reducir la velocidad máxima en carretera en 10 kilómetros a la hora, fijándola a partir de mañana en 110, no se acaba de entender realmente su eficacia y su razón de ser. Y tan pronto ha sido comunicada por el dirigente de turno, nos han surgido innumerables dudas frente a su necesidad, aunque bien es verdad, que los tiempos actuales nos están obligando a ver las cosas desde un punto de vista más positivo.

La primera valoración que se nos ocurre a bote pronto es pórque en lugar de reducir 10 kilómetros a la hora, no fueron 15 ó 20. Haber bajado de 120 a 100 hubiese sido mucho más estético. Una cifra redonda, contundente y además todo un tributo al sistema métrico decimal. Múltiplo de 10.

A partir de mañana España ensanchará su territorio. Ahora cualquier destino quedará 10 kilometros más lejos en terminos relativos de tiempo. Nuestra Nación amplía horizontes. De las seis horas que se tardaba de Madrid a Vitoria en coche, ahora serán siete horas. Cinco minutos más por cada hora de trayecto. Por cierto, desconozco el efecto exacto que la medida va a producir si por el contrario decidimos ir de Santurce a Bilbao.

 

Desvincular nuestra vida diaria de la dependencia del coche, hoy en día, es casi imposible. Tanto es así que bajar la velocidad en carretera significa en la práctica bajar la velocidad en la vida. Y nuestros gobernantes, siempre tan preocupados por nuestro bienestar íntimo y personal, al final han comprendido que los españoles estábamos viviendo por encima de nuestra capacidad y, además, estábamos un poco acelerados, razón por la cual se hacía necesario poner un freno a tanto exceso.

Justificar la bajada de velocidad máxima para fomentar el ahorro en el consumo de combustible, tal y como se avecinan las cosas, suena muy bien, pero, francamente, se ha echado de menos que la medida no se hubiese hecho extensiva a la velocidad de los aviones, los barcos, los trenes y el AVE.

Al final, una medida tímida, que por su escaso alcance, 10 kilómetros no es nada, tiene más pinta de titular de prensa con el propósito de entretenernos durante un fin de semana, como si de ir al cine, al teatro o dar un paseo se tratase. El día que los dirigentes nos digan con rigor, que si ahorramos 10 euros a la semana tendremos más dinero al final de mes, ese día lo conmemoraremos como Fiesta Nacional.

Por cierto, haber escrito ésta crónica a 100 pulsaciones por minuto ha sido todo un lujo. De haberlo hecho a 120 hubiese sido muy estresante.

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