Dominos Pizza

KIRK ALEXANDER - LA COSTUMBRE QUE LE SALVÓ LA VIDA

DOMINO'S PIZZA. LA COSTUMBRE QUE LE SALVÓ LA VIDA: KIRK ALEXANDER es un estadounidense soltero residente en Oregon. Desde el año 2009, acostumbraba pedir su comida todos los días en el mismo restaurante llamado DOMINOS PIZZA. Un día pizza, otro día pasta, y al día siguiente una pasta diferente; lo encargaba a través de la página web de Domino’s Pizza, donde preparan la comida para llevar. Una costumbre, que se mantenía a lo largo de siete años. Todo el personal le conocía. En cuanto saltaba su pedido en pantalla, el empleado de torno comentaba cariñosamente “ya está el pedido de Kirk”. Le preparaban su plato del día y se lo acercaban a su casa. Una comodidad que nos ofrece Internet.

La cosa cambió cuando, de repente, llegó un día en el que no pidió su comida en Domino’s Pizza. Ni al día siguiente, ni al siguiente tampoco. Pasaron varios días hasta que alguien se dio cuenta, comenzaron a echarle de menos y comentaron su ausencia. Tras once días sin pedir su comida como solía hacer de costumbre, la encargada empezó a preocuparse, ya que se preguntaba si le habrá pasado algo. Ella era de la opinión de que, si una persona encarga su comida habitualmente todos los días en el mismo restaurante durante siete años, no deja de hacerlo de un día para otro así porque sí sin avisar ni despedirse.

DOMINOS PIZZA Y LA COSTUMBRE QUE LE SALVÓ LA VIDA

Era un día de domingo. KIRK ALEXANDER llevaba once días sin dar señal de vida. La encargada, tras revisar cuándo fue la última vez que este cliente, quien, de hecho, era el cliente número uno del establecimiento, la encargada contó los días y llegó a once. Llamó al repartidor del turno y le pidió que por favor se pasara por la casa de su cliente más valorado para comprobar si se encontraba bien. Solamente quería eso, estar segura de que no le hubiera pasado nada y que estaba todo en orden.

Cuando el repartidor llegó a la puerta de la casa donde vive Kirk Alexander, vio que la luz adentro estaba prendida, así como la televisión. Era fácil de ver ya que estaba de noche. El repartidor llamó a la puerta. Sin embargo, nadie abrió. Luego, le llamó por teléfono. Saltó en seguida el contestador automático. Ahí fue cuando el repartidor llamó al número 911 (servicio de emergencia en Estados Unidos). La policía no tardó en llegar y forzaron la puerta para entrar. Kirk Alexander se hallaba tendido e indefenso en el suelo de su apartamento. Aún respiraba. Inmediatamente llamaron una ambulancia y le transportaron al hospital más cercano, donde el personal sanitario enseguida le estabilizó. Quedó la noche ingresado.

Desconocemos el origen de su malestar. Pero, el hecho es que una costumbre rutinaria hizo que alguien le echara de menos, se acordó de él y le salvó la vida.

El caso de Kirk Alexander, nos muestra la importancia de acordarnos de vez en cuando de las personas que nos rodean. Kirk Alexander, la costumbre que le salvó la vida.

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