El Kilimanjaro desde lo Real Maravilloso

El Kilimanjaro desde lo Real Maravilloso

Confieso que al terminar de leer “Las Nieves del Kilimanjaro” de Ernest Hemingway, quedé desconcertado e iracundo, quería más; esperaba de ese aventurero escritor, tan dado a las cacerías y a los safarís, una mayor recreación de las tierras de Tanzania.

Me preparé para ver pasar delante de mi vista manadas de hipopótamos y jirafas, elefantes huyendo de los depredadores mercaderes del marfil; imaginé que Hemingway develaría los misterios del valle Rift; que algún personaje moriría infestado por la mosca tsetsé; que entraría a las minas de diamante y oro, o a los bosques mágicos del baobab; pretendí vislumbrar las piedras con rastros de los primeros hombres o al menos los líquenes y musgos que bordean la mayor montaña de África.

Supuse que el autor norteamericano haría asociaciones intetectuales entre los Alpes y el Kilimanjaro.

Después entendí que las intenciones del autor fueron otras, y que es ingenuo pretender que las obras de arte sean tal cual uno se las imagina o las sugiere. Además, debo reconocer que leí el cuento de Hemingway algo predispuesto por LO REAL MARAVILLOSO; tendencia literaria que a partir del escritor cubano Alejo Carpentier, nos enseñó a mirar a América y los contextos geográficos, de una manera nueva; superando así a la antigua Estética occidental, de la cual obviamente formaba parte Ernest Hemingway.

Considero que también África merece ser vista desde la mirada sublime de Lo Real Maravilloso. África tan antigua y tan malsanamente conocida. África y América son las piezas afines de un rompecabeza. Sus similares rocas precámbricas demuestran el origen común de ambos continentes; pero lo mejor será aceptar que el cuento “LAS NIEVES DEL KILIMANJARO" es hijo de una vieja Estética, y dejar de pedirle peras a los olmos de Hemingway.

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