Hoy es 24 de marzo, jueves de la segunda semana de Cuaresma.

En nuestro camino de Cuaresma, el evangelio de hoy nos propone una escena sorprendente, un hombre rico al morir se descubre en el infierno y desde allí contempla como Lázaro, un mendigo cubierto de llagas que vivía en las escaleras de su casa, está sentado junto a Dios.

Hoy se me invita a pensar en la fe, en todos los signos en la presencia de Dios en mi vida y en la distancia tan grande que existe, un verdadero abismo entre vivir como Dios me propone o buscando sólo mi interés.

La lectura de hoy es del evangelio de Lucas (Lc 16,19-31):

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: «Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas. Y un pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas, deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.

»Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado. Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno. Y, gritando, dijo: ‘Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama’. Pero Abraham le dijo: ‘Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado. Y además, entre nosotros y vosotros se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros’.

»Replicó: ‘Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento’. Díjole Abraham: ‘Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan’. Él dijo: ‘No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán’. Le contestó: ‘Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite’».

Ese hombre rico había pasado miles de veces delante del pobre Lázaro. Nunca había reconocido en él la presencia de Dios. ¿Buscas a Dios en medio de tu día? ¿Qué o quiénes te ayudan más a reconocerlo?

Ese hombre rico quiere comunicar a sus hermanos lo que ha descubierto, pero no puede hacerlo porque está muerto, paralizado por sus riquezas. Su egoísmo le impide anunciar a Jesús resucitado. ¿Te sientes también paralizado de tu fe? ¿Qué te impide anunciar la venida del Reino de Dios?

El evangelio nos recuerda que no es lo mismo vivir confiando en las riquezas o en el poder que vivir abierto a las necesidades de los demás, movido por la caridad y la solidaridad. Entre estos dos modos de vivir se abre un abismo inmenso. Fíjate al escuchar el texto de nuevo, cómo el Señor lo destaca.

Al terminar este tiempo de oración, habla con Jesús. Deja que sean los sentimientos de tu corazón los que se dirijan hacia él. Tal ve te gustaría agradecer al Señor las personas que, como Lázaro, te recuerdan la presencia de Dios en tu vida. Tal vez te sientes atado a muchas cosas que te impiden, precisamente, reconocerle. Háblale de todo ello al Señor, sabiendo que él y quiere tu bien.

Padre nuestro

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