Hoy es 17 de marzo, jueves de la primera semana de Cuaresma.

Me preparo para dedicar un tiempo al encuentro con Dios. Tiempo de intimidad donde expreso mis deseos más profundos. Tiempo para poner delante de Dios quién soy y cómo me siento. Mis dificultades y mis necesidades, mis proyectos y mis ilusiones. Hoy el Señor me recuerda que nunca me deja solo en el camino, que se preocupa por mí. Que siempre puedo contar con su compañía. Comienzo mi oración pidiendo al Señor que le sienta junto a mí.

La lectura de hoy es del evangelio de Mateo (Mt 7,7-12):

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan! Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas».

¿Qué estoy buscando en mi vida? ¿Qué deseos llevo en mi corazón? ¿Siento que mi oración y mi relación con Dios pueden ayudarme a que se cumplan?

La invitación de Jesús al final de la lectura pidiéndonos tratar a los demás, como a nosotros nos gustaría que nos tratasen, nos obliga a poner la mirada en los otros. ¿He notado alguna vez que mis deseos se abren a las necesidades de otros? El descubrir lo que yo tengo o necesito ¿me hace desearlo para los demás?

¿Alguna vez Dios me ha ofrecido algo de lo que busco a través de los demás? ¿Alguna vez he sido yo quien ofrece a los demás eso que necesitan?

Escucha de nuevo el texto e intenta imaginarte la mirada de ese padre que siempre da cosas buenas a sus hijos. Mírale acogiendo tus peticiones y las de tantas mujeres y hombres con necesidades espirituales y materiales.

Una vez más me pongo delante de Dios y le presento después mis deseos después de este tiempo de oración, sabiendo cómo él los acoge. Sabiendo lo importante que soy para él. Agradeciendo que se preocupe por mí. Le puedo pedir también para que esos deseos abran un hueco a los otros en mi corazón.

Padre nuestro

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