En esta oportunidad la reseña corresponde al fulbito callejero,el que se desarrollaba en la calle José Gálvez,entre otros lugares.

La cuadra uno de la calle mencionada tiene una parte plana , la mayor longitud y unos 20 metros en plano inclinado.

En cuarenta metros de la calle, se realizaban ardorosos partidos, con pelota de jebe o de cuero, más de jebe que de cuero,con un número variable de jugadores, a diez o quince goles por partido, cambio de cancha a la mitad de los goles. Los arcos eran dos piedras grandes,para que no hubiera dudas sobre los goles, y cuando no había muchos niños, se jugaba en la mitad de la cancha y sin arquero.

Por supuesto que no había árbitro, todo era cuestión de ponerse de acuerdo.

El partido se detenía por el paso de vehículos, pase de peatones,así como la clásica contingencia de la "Pelota ahogada.el que la ahoga la saca",Esto ocurría cuando los puntapiés eran muy enérgicos y la pelota  iba rumbo a un corralón o a un techo cercano.

Rescatar la pelota tenía sus problemas sobre todo cuando había perro guardián de por medio, una pared muy alta o un avisado dueño del inmueble que o no la devolvía o cortaba la pelota, dejando fuera de juego a la pelota y de repente suspendía el partido.

Los partidos de fulbito eran diurnos o nocturnos, veraniegos y de invierno,no faltando las discusiones sobre si fue o no gol, quien iba ganando, aparte de que cuando los diez o quince goles estaban lejanos, había que definir el enciuentro en uno o dos goles y ni uno más.

Tiempos idos, encuentros lejanos, los amigos del barrio ya no están,La canchita está solitaria, de repente uno que otro la vemos de cuando en cuando..y nada más.

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