Dos prisioneros se encuentran encerrados en la prisión de Alcatraz por un delito. No hay pruebas concluyentes para condenarlos por el delito que han cometido. Son separados cada uno en diferentes y contiguas habitaciones. El Alcaide visita a cada uno de los prisioneros en sus respectivas habitaciones para ofrecerles el mismo trato a cada uno de ellos. Si uno de los prisioneros confiesa el delito y su cómplice no, el cómplice será condenado a la pena total, es decir, diez años, y el primer prisionero será liberado por tanto. Si uno de los prisioneros calla y el cómplice confiesa, el primero recibirá esa pena y será el cómplice quien salga libre. Si ambos confiesan haber cometido el delito, ambos serán condenados a seis años. Si ambos prisioneros deciden no confesar la pena para ambos es de dos años.

 

Juego de lógica del prisionero

Con este juego de lógica se nos plantea la posibilidad, por unos instantes, de ponernos en la piel de uno de los prisioneros en una cárcel dónde no se sabe cuánto tiempo permaneceremos encerrados, y dónde la confianza o la deslealtad en el otro prisionero va a ser fundamental en la trama que desarrolla para ambos personajes.

Es reflejo de la situación interna que adolece a los dos prisioneros al no saber si va a haber una decisión recíproca, o en cambio, una actitud basada en el beneficio propio para salir de aquella cárcel de la manera más rápida posible sin tener en cuenta a la otra persona. Mediante el personaje del Alcaide se les presenta a ambos prisioneros, mediante un dilema, la decisión de cooperar por y para ellos o la de competir entre ellos. Si fueras uno de los prisioneros, ¿qué harías tú?

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