Juana "La Loca" (1479-1555) fue la tercera hija de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, los Reyes Católicos. Su atormentada vida ha inspirado numerosos libros y películas, que la presentan como una mujer que enloqueció de amor. 

Juana "La Loca" recibió una esmerada educación, y, como era habitual en aquella época, sus padres dispusieron su matrimonio, el que mejor convenía para los intereses de la Corona. Felipe de Austria, hijo del emperador Maximiliano I, llamado "El Hermoso", fue el elegido para convertirse en su esposo. En su primer encuentro, la atracción entre Juana y Felipe fue tal, que fue preciso adelantar la fecha de la boda para que el matrimonio se pudiera consumar cuanto antes, pues entre ambos se desató una pasión incontrolable.

Felipe "El Hermoso" era un joven muy atractivo, y pronto empezaron sus infidelidades, que no se molestaba en ocultar, provocando las violentas reacciones de su enamorada esposa, Juana, la cual, llevada por los celos, llegó a agredir a una de sus damas de la Corte, cortándole su hermosa cabellera, ya que sospechaba que era una de las numerosas amantes de su esposo. 

Obsesionada con su marido infiel, que la maltrataba física y psicológicamente, Juana pronto empezó a dar muestras de desequilibrio mental: Se mostraba agresiva y violenta, dejaba de ocuparse de sus hijos y de los asuntos de la Corona... Incluso descuidaba su higiene y su aspecto físico. Todo ello no hacía más que complicar la situación: Cuanto más se agravaba su trastorno mental, más se acrecentaba el distanciamiento con su esposo, que la ignoraba, la maltrataba y le seguía siendo infiel.

Esta situación llevó a Felipe "El Hermoso" a reclamar el gobierno de Castilla alegando que su esposa padecía locura, por lo que Juana "La Loca" apenas reinó.

Sus celos eran enfermizos, y así nació la leyenda de la reina que estaba loca de amor. 

Pero cuando realmente se hizo patente su desequilibrio mental fue tras la muerte de Felipe "El Hermoso", quien murió, probablemente, de una neumonía después de participar en un juego de pelota y beber agua muy fría.

Algunos historiadores piensan que pudo ser envenenado, pero no se ha podido corroborar.

A partir de la muerte de Felipe "El Hermoso", el comportamiento de Juana "La Loca" no deja lugar a dudas: Padece una demencia grave.

Deambula con un cortejo, con sus damas de la Corte, por España, con el féretro de su marido, viajando de noche, para que nadie pudiera verlo, vestida de negro y hablando con él como si aún estuviera vivo. 

Se dirigían a Granada, para darle allí sepultura, pero fue declarada demente y encarcelada en la torre de Tordesillas, donce permaneció hasta su muerte, en 1555, cubierta de llagas por la falta de higiene, pues se negaba a asearse y cambiarse de ropa. Con ella se encontraba la menor de sus seis hijos, que logró salir de allí cuando se dispuso su matrimonio. Cuentan que Juana "La Loca" tardó mucho tiempo en darse cuenta de que su hija ya no estaba con ella.

Juana "La Loca" pasó a la historia como la reina que enloqueció de amor. Pero, en realidad, padecía esquizofrenia, enfermedad que habría heredado de su abuela materna, Isabel de Portugal.

Si bien su esposo, Felipe II, le dio motivos más que suficientes para sentir celos, lo cierto es que esta relación tormentosa no hizo más que agravar una enfermedad mental que ya padecía, habiendo mostrado los primeros síntomas de esquizofrenia ya en 1498 y habiendo padecido varios brotes psicóticos, mostrando una actitud fría, desinterés por sus obligaciones, insomnio y ataques de ira. El hecho de que Isabel I, presentara ante las Cortes de Castilla un proyecto de ley que regulaba la regencia en caso de incapacidad de su hija, demuestra que su madre ya percibió la enfermedad mental de Juana con toda claridad.

Así, el romanticismo que impregnaba la historia de amor de Juana "La Loca" da paso a una visión realista, fruto de la investigación histórica, que muestra que Juana "La Loca" no enloqueció de amor, sino que padecía una enfermedad mental, la esquizofrenia, que se vio agravada por unas circunstancias adversas y una falta de cuidados y atenciones por parte de su familia, que pretendían arrebatarle el trono, y convirtieron los últimos años de su vida en un auténtico calvario.

Una historia real sin final feliz, la de una enferma mental, que, con atenciones y amor, quizás no habría llegado a este estado de extrema gravedad, o, incluso, el trastorno mental no se habría manifestado con tanta intensidad, dada la importancia que tiene el entorno familiar y la vida afectiva para determinar el curso de la enfermedad.

Una historia de amor y también de desamor.

 

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