Juan Pujol

Juan Pujol, el espía español que engañó a Hitler

La II Guerra Mundial (1939-1945), tuvo un punto de torcedura. El desembarco de Normandía. El noroeste de Francia se encontraba en manos de los nazis, el 6 de junio de 1944, vivió la llegada masiva de las tropas aliadas (hasta 250.000), hombres, que consiguieron liberar Paris y poner de pie a Europa para decantar la guerra de manera definitiva en perjuicio de Hitler, que estuvo a punto de conseguir someter al mundo anta la pasividad de las naciones europeas.

Pero esta hazaña de los aliados, de capital importancia, se pudo haber evitado, de haber conocido Hitler su existencia. Afortunadamente no lo supo por la existencia de un espía español llamado Juan Pujol García. Este hombre Pujol, había cultivado un odio extremo hacia el fascismo y el comunismo, por causa de la Guerra Civil española. Ese odio exacerbado le animó a ofrecer sus servicios a la inteligencia británica (Inglaterra), el MI5, para combatir la amenaza alemana (Nazi).

Pujol, el agente doble

Juan Pujol, pronto comenzó a trabajar como doble agente para Alemania y, Reino Unido, astutamente consiguió ganarse de a poco la confianza de Hitler, al que ladinamente hizo creer que para él (Pujol), trabajaban 22 agentes y puestos a la orden de Alemania. En base a informes presentados, incluso, muchos de ellos verdaderos, enviados a Alemania, sobre futuras operaciones aliadas, consiguió inclusive le otorgaran la Cruz de Hierro, máxima condecoración del Tercer Reich, que compartió sin ningún arrobo con la Orden del Imperio Británico, algo inverosímil en la historia.

operación garbo

Se gesta el engaño

En base y a través de su trabajo de información y desinformación como espía de Hitler, Pujol, logró cambiar el curso de la guerra y con certeza el de la historia y el mundo. Juan Pujol, hizo creer a Hitler que, el llamado día “D” a la hora H; se iba a producir en Calais a 249 kilómetros de Normandía. Por fortuna, tal era la confianza de Hitler en su espía, que no llegó a valorar el desembarco definitivo en Normandía.

Luego, hasta bastantes horas después, fue que pensó que se trataba de una maniobra de despiste a la espera del desembarco definitivo de Calais, que por supuesto jamás se produjo. Finalmente, cuándo se dio cuenta del engaño de Pujol ya era demasiado tarde.

No hay enemigo pequeño

Esta es parte de una de las tantas historias que se gestan para concretar objetivos perseguidos por los estrategas de estas hazañas, que se producen para darle sustento a los tantos detalles de planificación de cualquier batalla por pequeña o grande que sea. La labor que desarrolló este hombre Juan Pujol, descubre ciertamente, que no hay enemigo pequeño, él estuvo ahí en el momento indicado e hizo su tarea. Su prejuicio en contra de fascistas y comunistas heredados de la Guerra Civil española fue el acicate que lo empujó en contra de Hitler, contribuyendo de manera definitiva para que se consolidara la victoria de las fuerzas aliadas en la II Guerra Mundial.

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