En las sociedades actuales y con las condiciones laborales presentes, se ha desarrollado una gran y grave estigmatización hacia el perfil de “JEFE”. Son muchas las coincidencias ineludibles hacia el trato de favor del superior hacia unos o sobre el rol violento que se ejerce hacia otros. Casi nadie está contento con el individuo que supone estar situado en un estamento superior y que delega en nosotros la mayoría de la responsabilidad en nuestro trabajo.

Jefe muchas veces suena a mandatario, a un proclive sucesor de todo lo que está prohibido en nuestra práctica habitual al frente de un trabajo. Existen varios tipos de superiores que se encargan de dinamitar y crear un raro ambiente tóxico en nuestro cumplimiento laboral. El hecho es que algunos intentan innovar demasiado y provocan con ello que las ideas se superpongan constantemente sin que exista la posibilidad de acabar lo que anteriormente parecía una buen concepto.

Existe el líder que intenta conciliar el régimen laboral en todo momento, aquel que busca el “excelente” en su entorno y no duda en someter la causa en el futuro de la organización. Es el que prefiere que pienses por él mientras un aluvión de propuestas va haciendo estragos sobre tu persona. Asumir la buena relación entre los miembros de la empresa no implica necesariamente acaparar los logros para un resultado aceptable en tus proyectos.

Existe también un modelo de superior indeciso, que es el que no arriesga porque no es capaz de ver más allá del trabajador poco capaz. Es el que no prevé una mejora en el hábitat empresarial, porque prefiere que sea el trabajador el que se adelante al cambio de rumbo o que sugiera una opción que no le haga pensar en sus dudas.

Otro ejemplo de jefe TÓXICO puede darse en las situaciones en que prefiere ser amigo a jerarca, inmiscuyéndose en la vida privada de los empleados, a los que, llegado el momento, no vacilará en cargar la peor de las culpas

jEFE Tóxico

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