8:00 de la mañana del sábado 29 de junio del 2007, para JAIME sería un día normal, pero, si fuera así, ¿cuál sería la razón de su repentino despertar empapado en sudor?

En tal día normal para más de seis mil millones de personas que habitan este planeta, Jaime se despertó entre emocionado, asustado, nervioso y confuso, difíciles de predecir cuales sentimientos dada su amplia sonrisa que los opacaba casi por completo. Se levantó cojeando de la pierna izquierda por un leve calambre que le ocasionó su elevado salto al salir de su cama. Casi a la vez se ponía la corbata por encima de la camisa en el segundo intento, ya que, dado su inmenso nerviosismo, la primera vez se la colocó por debajo de ésta, se comía una tostada con mermelada y al mismo tiempo miraba el candelario con la fecha del día en que se encontraba, señalada y redondeada con forma de corazón.

10:30 de la mañana del mismo día, hasta entonces, tan solo observada un programa de la televisión donde se hablaba de temas de actualidad, aunque bien en cierto que, aunque oía, no escuchaba lo que estaban contando. Estaba absorto en sus pensamientos. A esa hora señalada anteriormente salió de su casa en dirección a la plaza Central del lugar, donde, se supone, tendría lugar un emotivo encuentro ansiado.

Al llegar, en torno a las 10:48, bajó del coche estupefacto por el cuadro que había dibujado la calle en ese preciso momento; un entorno otoñal a pesar de estar en verano, hojas secas, pero de color rojizo casi rosado, se precipitaban al vacío lentamente dada la imperceptible brisa que recorría en forma sureste-noroeste, la avenida que llegaba a la plaza, y ésta misma, estaban en un silencio más pronunciado de lo habitual, tanto que el sonido de los pasos del propio Jaime se podían captar a largas distancias. Camino de la fuente que se situaba en el centro del lugar, y que era el punto principal de encuentro mutuo, viró la vista a su izquierda y pudo observar una tiendecita donde se vendían flores muy hermosas, se enamoró de las rosas rosadas y, quién sabe si a lo largo de la tarde, ese sentimiento podría volverse a repetir en otro sentido. Las compró.

Ya en la fuente, sentado en una especie de escalón que había situado en la parte externa, gastó sus últimos pensamientos antes del gran momento en imaginar lo que ha sido hasta entonces, lo que será ahora, lo que puede llegar a ocurrir, y qué ocurriría si sucediese. Un cúmulo de cosas que, la situación, lo merecía, y es que estar un día cualquiera frente a algo que llevas esperando más de un año, y que tan solo podías recrear en tu mente su acción, que en la realidad resulta ser demasiado distinta, pero igual de inefable e impredecible, tanto así como preciosa, es un gran avance poder divisarla con tus propios ojos, tanto su envase como su producto. Quizás más relevante la segunda opción, pero más centrado en la primera. Iba a ser un cambio enorme y positivo, el momento había que disfrutarlo.

Ya pasadas las 11:05 de la mañana, su nerviosismo, inmutable al de más temprano, y siempre permanente en él, se hacía incluso más perceptible dado su basto movimiento de piernas a un ritmo vivacissimamente alto, casi quebrante, pero siempre controlado. Fue en ese preciso instante cuando la vio aparecer, al fondo, muy al fondo, la verdad es que, tal vez, pasar de verla en fotografías a verla en la realidad pura y dura, sea algo distinto, tenga un rostro algo cambiante y sea algo complicada se apreciación, pero éste no fue el caso. Nada más verla por el horizonte sabía que era ella, ese pelo, esos labios, su sonrisa…, todo, absolutamente hasta el último gesto era evidente, y lo más increíble, todos sus mismos gestos enamoraban como a miles de kilómetros, ahora ya a diminutos centímetros, no fue necesaria ni la micro deliberación al verla para deducir si valía o no la pena, esos pensamientos estaban de más, era incuestionable que su corazón ya había corrido a su encuentro, aunque su cuerpo se mantuviese en el sitio inmóvil por la emoción y la tierna belleza de la joven.

Una regla convencional no cabría en medio de los muchachos cuando se detuvieron a pocos milímetros de sus cuerpos inundados de ganas y fuerza al ver sus futuras proteínas justo en frente. Seis fueron los segundos que pasaron mirándose a los ojos con la boca semi abierta, hasta que, Sara, rompió el silencio entre ellos:

-Hola, ¿Jaime? –Se rió levemente, una risa que a Jaime, cuando la oía, le inundaba de alegría, esperanza y amor. Era una risa casi imperceptible e inconsciente de ella, pero quizás el sonido más hermoso que el muchacho ha oído en su vida- ¿Me recuerdas? Soy Sar…

No la dejó terminar la frase, cuando Jaime se aproximó a Sara hasta estar sus cuerpos pegados como velcro. Fue tan inmenso y fuerte el abrazo que, durante unas milésimas de segundo, nuestros protagonistas podían comprobar cómo se quedaban sin aire para poder respirar, y así pasaron unidos durante más de treinta segundos, extrayendo y eliminando toda esa soledad que acarreaban de una manera inexpugnable. Al finalizar el abrazo, ambos se volvieron a mirar y estallaron de la risa, una carcajada de entre placer, alivio, amor y felicidad. En ese momento se acabaron los protocolos, ya no habrán más pantallas que hablen por ellos, comienza una nueva vida que vale por dos.

Y fue entonces cuando, el día 29 de junio del 2007, mientras más de seis mil millones de personas hacían sus quehaceres inocente y rutinariamente, dos seres, dos almas en todo el Universo iniciaban su andadura unitiva de la forma más maravillosa que existe: amándose sin medidas desde su primera vista ojo a ojo, alma a alma.


Autor: Alejandro Betancort Céspedes

Dedicatoria: MAV

Aquí les he presentado un relato de los míos para compartirlo con todos ustedes. Esto que habéis leído es el cómo se sentiría una persona que ha estado durante un periodo de tiempo muy largo distante de la persona que ama, y en el día en que por fin se van a encontrar. El día en que la distancia había sido superada. ¡Espero algún día sentir la misma sensación libertadora! 

Espero que lo hayáis disfrutado, si queréis añadir un comentario, adelante, por favor.

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